Uno de los desafíos electorales que tiene por delante la Coalición Republicana (CR) es armar una ingeniería conveniente para enfrentar con mayores chances las elecciones municipales de mayo de 2025. Y debe admitirse con verdad que las negociaciones van mostrando hasta ahora una madurez e inteligencia que deben ser destacadas.
En primer lugar, hay que recordar que las dos grandes limitaciones electorales provienen del ordenamiento legal que nos hemos dado desde la Constitución de 1997: quienes son candidatos en las elecciones internas de un partido no pueden en las municipales ser candidatos en el lema de otro partido; y sólo puede haber un máximo de tres candidatos por lema a la intendencia. Así las cosas, blancos, colorados, cabildantes, independientes y De la Gente, al marcar sus propios perfiles en sus sendas internas para definir candidatos presidenciales y autoridades partidarias, no pueden luego unirse en un lema en común que contemple, por ejemplo, un candidato a intendente por cada uno de esos partidos.
Frente a estas reglas de juego inamovibles la inventiva de los dirigentes de la CR debe generar posibilidades de votar en un lema común para las municipales, y sobre todo en los departamentos en los que de esa unidad depende una verdadera competencia con el Frente Amplio (FA). Hay tres casos cantados: Salto, Canelones y Montevideo. Y en todos estos meses, las negociaciones intra- CR han dado como resultado que efectivamente se conformará un lema de nombre Coalición Republicana con el objetivo de ser la plataforma a partir de la cual los partidos oficialistas puedan presentarse unidos en las municipales en esos departamentos. Aunque el asunto no está completamente resuelto, se ha avanzado incluso en la forma de definir las candidaturas a intendente tanto en Salto como en Canelones.
En segundo lugar, las negociaciones aceptaron con inteligencia el principio de realidad de que en varios departamentos del país el lema natural que debe recibir a los partidos de la CR es el Partido Nacional (PN). En efecto, en Soriano, Colonia, Flores, San José, Florida, Durazno, Tacuarembó, Cerro Largo, Treinta y Tres, Lavalleja, Artigas y Maldonado, por historia y por estructura partidaria departamental son los blancos los que tienen la obligación política de abrir su lema a la recepción de los dirigentes y corrientes de los demás partidos de la CR, de manera de participar en el esfuerzo proselitista y que ello se traduzca luego en una natural integración conjunta en el gobierno del departamento. Lo mismo, pero al revés, debiera de ocurrir en Rivera: allí son los colorados los que ofician de partido hegemónico dentro de la CR.
En tercer lugar, en Rocha, Río Negro y Paysandú, en donde la alternancia con el FA ha sido la regla de estos lustros, el protagonismo debe ser de las dirigencias locales: la CR como lema está a disposición. La inteligencia de los partidos es no hacer de tutor de nadie, ya que no hay mejores conocedores de la realidad departamental que los dirigentes locales, al punto de que seguramente en cada uno de esos departamentos se terminen resolviendo escenarios particulares para las comparecencias conjuntas que aseguren las victorias de los partidos de la CR.
Así como debe destacarse todo este detallado armado de posibilidades, que demuestran pragmatismo de parte de todos los integrantes de la CR, hay que señalar también la inconveniencia de llevar este escenario de unidad electoral a la cita nacional de octubre de 2024. En efecto, plantear que la CR debiera de ir toda unida en un mismo lema desde las internas de junio en adelante implica proponer, en el estado actual de configuración de las fuerzas partidarias de la CR, que el candidato único a presidente de toda esa coalición surja del PN. Esa enorme limitación de opciones presidenciales sería una especie de adelantamiento del balotaje tan inútil como perjudicial, ya que quitaría ofertas presidenciales favorables al proyecto de la CR que suman mucho a la conformación de una mayoría amplia en la elección del Parlamento.
El éxito de la CR en 2019 se basó en la apertura de diversas opciones a la ciudadanía con una idea de coordinación y negociación conjunta para la instancia del balotaje. Hace bien la CR en proponer una unidad en la diversidad para las municipales allí en donde realmente se precisa. Y hacen bien los partidos oficialistas en conservar sus propuestas presidenciales para octubre de 2024. La ciudadanía constata así como la CR actúa con mucha madurez electoralmente.