Cambios en Argentina

Unas de las novedades muy importante del gobierno de Milei desde el punto de vista cultural y social han sido sus iniciativas para desmontar lo que se ha dado en llamar la hegemonía cultural de la izquierda.

¿En qué consiste esa hegemonía? Tiene varios registros de acción, pero en todos los casos se trata del conjunto de medidas que se fueron tomando durante muchos años en el sentido de favorecer cierta forma de ver lo justo, lo bueno y lo bello en la sociedad.

Esa incidencia buscada, fijó sus criterios en torno a valores de izquierda y globalistas, entre los cuales se destacó el maltusianismo con relación a la familia y al crecimiento demográfico; la relación entre los sexos vistos como enfrentamientos irremediables en los que el hombre es culpable siempre y por el mero hecho de ser hombre; la adopción total de los prejuicios ecologistas con sus agendas que inciden fuertemente en políticas energéticas y condicionamientos al desarrollo económico; y por supuesto una revisión de la historia de manera de fijar un campo siempre superior formado en torno a la izquierda y otro siempre moralmente inferior ligado a partidos y sensibilidades de derecha.

Toda esta agenda fue ampliamente extendida en Sudamérica. Fue fomentada en tiempos de la administración Obama en Estados Unidos (2009- 2017) y luego bajo la presidencia del reconocidamente senil Biden (2021-2025), cuando toda la agenda de valores llamados “woke” ligados a esta hegemonía izquierdista tomó mucha más fuerza. Y los mayores protagonistas sudamericanos fueron, sin duda, los gobiernos kirchneristas en Argentina que, por el natural lugar predominante de nuestros vecinos en la cultura regional, extendieron por años esta influencia en todo el cono sur.

La ruptura del gobierno de Milei con todo aquello ha sido tan contundente como radical y poco conocida. En materia de concepción familiar, cerró el Ministerio de la Mujer, los géneros y las diversidades, y terminó con toda la parafernalia de la perspectiva de género en las políticas propias del Ejecutivo federal: no hay más ellas y ellos y elles. Además, prohibió el disparate de la hormonización y mutilación sexual de los niños, esa que venía de la mano de los dislates de la identidad de género y sus enormes excesos, como por ejemplo los traslados carcelarios por “cambio de género” que también se dejaron de lado. Todo esto no impidió que el Estado mantuviera un fuerte apoyo a las familias, con un generoso aumento de subvenciones a planes sociales para garantizar una atención integral durante el embarazo y la primera infancia.

A nivel internacional el cambio ha sido gigantesco. El gobierno de Milei volvió a defender el natural concepto biológico de la mujer, en contra de la ideología de género que había procurado borrar esa diferencia tan elemental. En efecto, esa ideología izquierdista había incluso promovido horrendas iniciativas, como por ejemplo la de los tratamientos físicos para niños, sin autorización de sus padres, con el objetivo de que cambiaran de sexo. Además, Argentina pasó a oponerse a la agenda maltusiana que entiende que la maternidad es un obstáculo para la realización de la mujer.

Milei sacó a su país de la Agenda 2030 y de su correlato Agenda 2045. Dejó de integrar la Organización Mundial de la Salud. Se retiró de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 2024, porque se defendían allí posiciones ambientalistas radicales y contrarias a la soberanía nacional. Y, nada menor, en el marco general de la extensión del wokismo, Argentina se opuso a las resoluciones de la ONU que han fomentado que los “pueblos originarios” tengan su propio gobierno y justicia, es decir, se opuso a un disparate identitario que rompe con las garantías individuales propias del Estado de derecho de nuestras democracias liberales.

A nivel del pasado histórico, se pasó a condenar la violencia terrorista de izquierda que tanto daño hizo en los años sesenta y setenta. En el mismo sentido, la leyenda de los 30.000 desaparecidos argentinos (así, una cifra redonda que no son ni 29.999 ni 30.001) fue sustituida por la verdad de los 8.960 casos realmente registrados por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas en su informe de 1984. Y la historia tendenciosa kirchnerista, que había denostado a figuras fundamentales de la modernización del Río de la Plata como Julio Argentino Roca o Juan Bautista Alberdi, fue dejada de lado.

Lo dicho: los cambios de Milei no vienen siendo sólo económicos, sino también sociales y culturales.

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