Aznar en Montevideo

El presidente del gobierno de España mandato cumplido (1996-2004) José María Aznar estuvo de visita en nuestro país la semana pasada invitado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), participando de una serie de actividades en que mostró una vez más el pensamiento profundo del estadista que lo distinguió en el ejercicio de la función pública.

En tiempos en que la inmediatez de los asuntos del día deja poco tiempo para las reflexiones de fondo, vale la pena escuchar lo que tiene para decir un hombre que ejerció las máximas funciones políticas en la madre patria y que desde hace décadas, a través de Faes y ahora también del Instituto Atlántico, dedica tiempo y energía a los centros de pensamiento.

La primera actividad pública en que participó el presidente Aznar fue un diálogo con el presidente Julio María Sanguinetti el 27 de junio, por lo que el evento organizado en la sede de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, con la presencia de su presidente Sergio Díaz Granados, fue propicia para reflexionar sobre la democracia.

Es indudable que en todas partes del mundo los sistemas democráticos parecen encontrarse bajo asedio y no solo en nuestro continente, donde los casos pululan.

Hemos visto en tiempos recientes cómo el presidente peruano Castillo intentó un autogolpe de Estado que afortunadamente fracasó, pero que dio paso a un débil gobierno provisorio. En Ecuador el presidente Lasso ante las maniobras destituyentes del Congreso convocó a nuevas elecciones de las que no participará, abriendo una gran incertidumbre sobre el futuro cercano de ese país. En Colombia la popularidad del presidente Petro se ha derrumbado en poco tiempo y sus reformas socializantes están destruyendo la economía y a su propio gobierno. En Chile, quizá el caso más paradigmático de todos, hemos visto cómo el ejemplo modélico del continente que se encontraba camino al desarrollo explotó en una jornada de furia de la que aún no se ha recuperado. Las idas y vueltas para reformar la Constitución parecen no tener fin y todo parece indicar que van a culminar en el mismo lugar donde comenzaron o algo muy similar. De una primera mayoría de izquierda radical en la constituyente se pasó a una de derecha en el nuevo consejo encargado de analizar el asunto, mientras un presidente demasiado joven y de pretensiones idealistas ha terminado tomando medidas contra la inmigración de línea dura.

En otras de las actividades públicas del presidente Aznar en Montevideo mantuvo un diálogo con el director de nuestro diario Martín Aguirre, en que conversaron sobre la realidad política así como sobre ideas y las perspectivas de futuro. José María Aznar reflexionó que la democracia es frágil, pero no es débil, lo que ciertamente da cuenta de los fenómenos que estamos presenciando. Llamó la atención sobre las deficiencias del liderazgo político y la falta de pensamiento estratégico, marcando al Uruguay como una excepción en esta materia. Por el contrario, señaló que Uruguay va bien y que debe perseverar en el camino por el que viene avanzando.

En términos generales preocupa a Aznar la falta de visión de muchos políticos en elevadas posiciones y cómo eso se traslada a la ejecución de políticas públicas. No en balde sus esfuerzos se vienen centrando desde hace décadas en formar jóvenes con vocación pública desde la Fundación Faes y más recientemente desde el Instituto Atlántico. Otra reflexión de gran interés fue sobre la necesidad de cuidar las instituciones, el Estado de Derecho y las garantías de la convivencia pacífica.

Precisamente hablando sobre derechos, Aznar afirmó que existen los derechos de la persona, pero no los derechos de grupos o tribus, algo que hemos normalizado en nuestro tiempo, así como los derechos que en realidad son pretensiones, sin contrapartida alguna de responsabilidad. Este es un punto central, porque cuando los derechos pasan de las personas a los grupos, desaparece precisamente la responsabilidad en el ejercicio de ese derecho y se degrada el valor del individuo que se pierde en una masa informe. Un tema sin dudas polémico en tiempos en que los “colectivos” y las “identidades” parecen dominarlo todo, pero que necesita estar sobre la mesa si queremos recuperar conceptos fundamentales para preservar la democracia como la conocemos.

Por cierto que el presidente Aznar realizó otra serie de reflexiones de mucho interés, pero con lo expuesto alcanza para entender por qué el expresidente español es un gran provocador del pensamiento que no deja indiferentes ni a propios ni a ajenos.

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