Aunque sea un barril sin fondo

El negocio del pórtland producido por Ancap es una fuente de pérdidas para el Estado hace más de 20 años y el pronóstico es que irán en aumento. Más de 25 millones en 2023 es la estimación. ¿Recuerdan los perfumes, las poco recomendables bebidas alcohólicas de “altri tempi”? El gobierno actual, junto con el Ministro de Industria y el Presidente de la empresa decidieron que era hora de cerrar esta canilla para que deje de ser una constante fuente de pérdidas, con la saludable intención de convertirla en una de resultados positivos. A ello se han abocado contra viento y marea.

No estamos hablando del Partenón o de las pirámides egipcias pero en Uruguay, el Estado y sus empresas públicas son veneradas cual monumentos históricos ancestrales. Y guay del gobierno que pretenda actuar con responsabilidad para combatir los excesos y cambiar el statu quo. Los costos exagerados, la ineficacia, la obsolescencia, las malas estrategias, equivocadas además de onerosas. Gas Sayago de tiempos de Mujica es apenas un ejemplo. O la forzada capitalización de la Ancap presidida por Sendic. Unos U$$ 1000 000 000 de los que nadie se hizo cargo y otra vez, el “Ogro Filantrópico” (Octavio Paz) salió a tapar el agujero.

Falta de conciencia en el ciudadano concibe al estado como una entelequia abstracta, más allá de los intereses personales y políticos que predominan en el sector gremial. Piensan que el erario público es una entelequia con dinero inagotable y sin vinculación alguna con el alto nivel de impuestos que paga el ciudadano para sostener a ese paquidermo. A tanto empleo público, tanto gasto superpuesto, tanto despilfarro y tanta ineficiencia. Una pesada carga tributaria que hace tan caro vivir y producir en Uruguay. Pero en esta tierra, las empresas estatales suelen percibirse como una especie de propiedad inviolable, desde el ciudadano común y sobre todo de parte de quienes allí trabajan -con honrosas excepciones- al tiempo que los líderes sindicales desde su trinchera trabajan sus propios objetivos. Entre los que hoy predomina ir contra el gobierno como sea.

Caso emblemático es el que tiene de protagonista al sindicato de Ancap (Fancap) y sus afiliados, mientras la dirección de la empresa y el Ejecutivo tienen que lidiar con las medidas y los paros de la gremial. Una operación compleja y cara, como la puesta a punto de la refinería que exige la detención de la misma, está demorada por los retrasos que provoca el gremio en conflicto con el Ente por el proyecto de asociación con privados, del negocio del pórtland y la cal.

Entre otras cosas, el sindicato dejó de firmar los permisos de trabajo necesarios para realizar las tareas de mantenimiento previas a la parada. Cortó el régimen de horas extras, impidió el trabajo en las calderas de la usina de vapor -insumo clave durante este período- y trabó las inspecciones anuales de las calderas de la central térmica. Tampoco otorgó permisos para la operativa en la bahía de Montevideo de la grúa especializada para sustituir el casquete superior del reactor de cracking. Una de las maniobras principales. A pesar de ello, Ancap sigue abocada a diferentes procesos licitatorios relacionadas para llevar a cabo las labores técnicas de conservación.

El asunto del pórtland bien podría ser extraído de una novela del colombiano García Márquez. En Ancap se sigue con un negocio que fue abandonado en el 2016, cuando se estudió la factibilidad de instalar el horno 3. Comprado por una buena suma, aunque no era de nueva generación sino de varios años antes. Ya realizada la erogación, en el último gobierno del FA, decidieron que dicho montaje, no se justificaba. Luego de compartir mucho tiempo el mercado con Cemento Artigas, la irrupción de un nuevo jugador, Cielo Azul, decidido a ganar clientes a toda costa con precios muy baratos, (Presidencia de Vázquez), disminuyó la participación de Ancap en el mercado. Sus márgenes se redujeron.

Ahora se volvió a analizar la situación, incluyendo al sindicato, y quedó claro que no hay mayores opciones. Dada la capacidad instalada en plaza y la demanda, la única alternativa es exportar hacia la región. Nuestra baja productividad no ayuda, así que se decidió buscar un socio privado con acceso a mercados cercanos, (el costo de los fletes no permite otra cosa) con experiencia y capacidad para hacer las inversiones necesarias.

A pesar del ruido, no es una privatización, es una asociación. Sus activos actuales se incorporan a algo mayor. Los yacimientos de piedra caliza seguirán siendo de Ancap y explotados por ella. Hay amparo legal (N° 16753 art. 14) El procedimiento para elegir socio lo avala el Tocaf. Ancap contemplará las situaciones laborales una a una, y habrá propuestas con generosos incentivos para elegir libremente. Un cambio es imprescindible.

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