Argentina en el Mercosur

Lo que se ha señalado como el terremoto de la gran votación de Milei del pasado 13 de agosto en Argentina, con sus secuelas políticas que siguen potenciando su fuerte favoritismo para alcanzar la Casa Rosada en la próxima primavera, abre una perspectiva tan importante como novedosa para el Mercosur.

Cuesta creer el profundo sesgo analítico pro-kirchnerista y anti-nacional de los voceros de la izquierda vernácula, que no han cesado de alarmarse por las consecuencias de un muy posible triunfo de Milei. Para empezar, omiten algo evidente: sin 20 años de los excesos y la descomposición política y económica del kirchnerismo, jamás hubiera aparecido un Milei. Para seguir, y mucho más importante, de ninguna manera puede considerarse algo negativo para Uruguay que llegue al poder en Argentina un candidato con un programa que procure sacar a su país de la espantosa situación productiva, financiera y comercial en la que se encuentra: será un plan, seguramente, difícil de implementar; pero ¡por fin! Una contundente mayoría de argentinos están pidiendo un cambio que los saque de la triste decadencia en la que están sumidos hace lustros. Y, para terminar, es evidente que nada negativo puede haber en que el candidato que más chance tiene de salir presidente en Argentina diga claramente que está disconforme con el Mercosur actual.

En realidad, es una bendición para Uruguay que podamos vislumbrar un corte en la vieja trenza de intereses bonaerenses y brasileños en el sentido de encerrar al Mercosur con relación al resto del mundo.

Para el caso argentino, todo el frágil equilibrio de intervenciones en el comercio exterior, dólares múltiples, retenciones de exportaciones y falta de competitividad de sectores enteros de su aparato productivo por falta de inversiones sustanciales durante el kirchnerismo, hizo que cualquier propuesta de apertura seria del Mercosur al mundo fuera vista con malos ojos. En efecto, el evitar un rápido acuerdo de libre comercio con Estados Unidos primero, con China después, y con la Unión Europea luego, no solamente fue una estrategia relevante de poderosos intereses brasileños en todos estos años, sino que también contó con un fuerte y decidido apoyo de una Argentina frágil cuya supervivencia económica decadente precisó siempre de fuertes restricciones a la apertura comercial y económica con relación al mundo internacional competitivo.

En este esquema, las declaraciones de Milei son muy importantes. Consciente como es de que un cambio de rumbo en la economía argentina no puede realizarse de un día para el otro, es clave sin embargo que ya haya dado señales de que la política de avanzada de Uruguay en torno a acuerdos de libre comercio bilaterales son algo positivo para la región.

Sin 20 años de los excesos y la descomposición política y económica del kirchnerismo, jamás hubiera aparecido un Milei. Una mayoría de argentinos están pidiendo un cambio profundo en el país.

Obviamente, algún ingenuo podrá pensar que sus declaraciones anti-China comunista y anti-Brasil de Lula plantean locuras imposibles de llevar adelante en un mundo altamente interdependiente como el actual. Pero una interpretación fría de esas declaraciones va en un sentido de realismo político elemental que debe ser bien entendido: Milei ha planteado su convencimiento de un acuerdo estratégico clave con Estados Unidos, en un mundo polarizado en torno a una competencia sino-estadounidense y con fuertes antecedentes de dos décadas de hegemonía de discursos antinorteamericanos en Argentina: fue por eso su fuerte señal anti-China. Y Milei es plenamente consciente de que la Argentina kirchnerista ha perdido peso específico en la región porque se ha alineado tras el liderazgo de Brasilia, en un contubernio ideológico-económico que nada bien le ha hecho a Buenos Aires en estos lustros: fue por eso su fuerte declaración anti-Lula.

Si Uruguay pasa a contar con Buenos Aires como un aliado confiable, convencido de los beneficios de una estabilización y normalización de la economía argentina que implique abrirse al mundo, la lógica de apertura comercial que Montevideo ha querido llevar adelante, y que es fundamental para poder asegurar más bienestar y más prosperidad para todos los uruguayos, recibirá nueva luz regional.

En definitiva, la mirada analítica y política que hay que privilegiar de los acontecimientos de allende el Plata debe prestar atención sobre todo a las repercusiones que llegarán en la nueva política exterior futura de la Argentina. En este sentido, no hay ninguna duda de que se abre una esperanza positiva para el Mercosur que precisamos si termina triunfando Milei en las próximas elecciones presidenciales.

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