Argentina decide

El próximo domingo Argentina tendrá unas elecciones nacionales muy particulares, pautadas, como en tantos países del mundo recientemente, por la irrupción de un outsider que seguramente dejará fuera de la segunda vuelta a uno de los dos partidos establecidos del sistema, si es que no logra el triunfo directamente ese mismo día. En efecto, toda la campaña, para tirios y troyanos, ha girado en torno a la figura de Javier Milei, que no ha caído a pesar de los ataques más duros o de expresas ideas que resultan estrafalarias para la enorme mayoría de la población.

La irrupción de un outsider, ciertamente, no puede llamar la atención. El pasado domingo en Ecuador resultó ganador en la segunda vuelta electoral Daniel Noboa, un empresario de 35 años, hijo de un conocido empresario bananero que se candidateó cinco veces sin éxito para el mismo cargo y con escasa experiencia política. Su irrupción fue meteórica y logró derrotar a la candidata del correísmo sin problema pese al escaso conocimiento que tenía por parte de la población tan solo unos meses antes de las elecciones.

En este contexto, en que la novedad y el discurso contra el “sistema” y los “políticos de siempre” resulta una carta ganadora en tantas elecciones a lo ancho del mundo, la irrupción de Milei se comprende un poco más. Quizá su característica más extraña sea que también es un candidato con una fuerte carga ideológica, dado que se define sin ambages como libertario. En buena medida puede postularse que sus medidas son contrarias a la demagogia, ya que dolarizar la economía y entrarle con una motosierra el gasto público suena más a propuestas tecnocráticas que populistas.

Sin embargo, donde encaja con otros perfiles populistas es en la forma en que promete llevar adelante estas iniciativas. Dolarizar una economía sin dólares no parece una tarea sencilla y para realizar un ajuste importante del gasto público se necesita la aprobación de un nuevo presupuesto nacional restrictivo en un Congreso donde estará en franca minoría. En consecuencia, ninguna de sus dos medidas insignia son de fácil concreción, más bien todo lo contrario, y prometer que se pueden realizar mágicamente entra dentro del terreno del populismo.

Las otras dos candidaturas con posibilidades son claramente la del ministro de Economía Sergio Massa y la de la presidenta del PRO, Patricia Bullrich. Con el dólar a más de $ 1.000, más del 40% de la población en la pobreza y dos meses consecutivos con la inflación mensual por encima del 12% parece increíble que Massa tenga alguna chance de entrar a la segunda vuelta, pero de acuerdo a las encuestas la tiene. Aunque seguramente la elección del domingo va a ser la peor del peronismo en su historia, el resultado le puede llegar a alcanzar para meterse en la definición del mes próximo, algo que cuesta creer para quien mire de afuera la coyuntura del país vecino. Evidentemente, pese a la debacle, el peronismo con sus redes rentistas, la explotación electoral de la pobreza y el apoyo del aparato sindical corrompido le sigue permitiendo una base electoral no despreciable en una elección que, como afirmó Cristina Fernández de Kirchner es más de mínimos que de techos.

Por su parte Patricia Bullrich ha realizado una buena campaña, mostrando un sostenido crecimiento hacia el final -si confiamos en las encuestas- y un equipo preparado para gobernar y dejar atrás al kirch-nerismo. La irrupción de Milei claramente le planteó una disputa por un voto que supo ser de Juntos por el Cambio y, especialmente, de Macri, que le ha restado chance, aunque llega al domingo con posibilidades de pasar a segunda vuelta.

El trazo grueso de la elección parece ser que indica que Milei saldrá primero pero sin ganar en la primera vuelta, con Bullrich y Massa peleando el segundo puesto. Dado que en caso de existir balotaje se inicia un partido enteramente nuevo, la presidencia argentina puede estar más disputada de lo que la aparente ola violeta del libertario parece indiciar.

En todo caso, desde la mirada de la predecible política uruguaya, la elección de la vecina orilla despierta un curioso interés por el espectáculo que representa. Más allá del show, el enorme desafío de quien gane el sillón de Rivadavia será revertir la tendencia tenebrosa de decadencia que lleva la Argentina desde hace demasiadas décadas, para volver a ponerle en el sitial que se merece entre los países más ricos del mundo.

Ese gran país merece un mejor destino que, afortunadamente, este domingo estará en manos de sus ciudadanos.

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