Editorial

No aprendieron nada

La pieza oratoria de Groba no tiene desperdicio para advertir a los uruguayos lo que nos espera si los radicales frentistas logran acceder a un nuevo gobierno sometiendo a los moderados.

En los últimos días se hizo viral en las redes sociales una intervención del diputado frenteamplista Óscar Groba respecto a su visión de país que resulta francamente impactante. Hay que reconocer la valentía del legislador por decir lo que seguramente piensan muchos de sus colegas correligionarios pero se callan por cuestiones electorales; simplemente desprecia la libertad y cree en el autoritarismo. Tan cristalino como eso, tan escalofriante como eso.

Repasemos la pieza oratoria de Groba que no tiene desperdicio para advertir a los uruguayos lo que nos espera si los radicales frentistas logran acceder a un nuevo gobierno sometiendo a los moderados, como viene pasando en reiteración real. "Creo que el esfuerzo humano tiene que ser del Estado" comienza el diputado, dejando claro desde el comienzo que cree en un modelo totalitario en que las personas sean medios para el funcionamiento del engranaje burocrático estatal y no fines valiosos en sí mimas cada una de ellas, con sus particulares preferencias de proyectos de vida, sueños y realidades.

Esta profesión de fe estatista no solo es profundamente inmoral, es despreciable porque procura someter al individuo al estado, olvidando la máxima de Juan Bautista Alberdi que reza que "la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual". ¿Quién decide en el país de Groba cuáles son los fines que puede perseguir una persona? ¿Qué derechos le quedan si el Estado es dueño de lo que producen las personas? ¿Por qué una camarilla que controla la coerción de la fuerza va a tener derecho a decidir vida y muerte de cada persona? ¿En qué cabeza cabe una concepción tan monstruosa del mundo?

Continúa el diputado Groba: "A mí me parece que los medios de producción tienen que ser del Estado. Las viviendas tienen que ser del Estado. Tienen que ser del Estado los bancos. Tiene que ser del Estado la tierra. Tienen que ser del Estado los medios de producción industriales, comerciales, y dentro de los industriales los medios de producción gráficos y los medios de comunicación de la prensa. El problema señor presidente es que no me dan los votos".

Groba describe su proyecto autoritario con gran candor y sangre fría. Quiere controlar a la sociedad, desde los mecanismos de producción a la distribución y no vacila en afirmar que quiere controlar también los medios de prensa. El proyecto dictatorial no solo es económico también, como en toda dictadura, incluye a los medios de prensa para controlar lo que la gente puede decir y pensar. Está claro que una visión de sociedad tan demencial no la va a comprar la mayoría de la población, por eso todas las dictaduras terminan controlando los medios para evitar la crítica. También está claro que Groba no lleva adelante su sueño autoritario simplemente porque no le dan los votos, lo afirma sin pruritos y sin escozor.

Prosigue el Stalin criollo: "Entonces me quedan dos caminos. Agarrar la bazuca, el casco e irme para el monte, que no hay. O hacer un proceso de acumulación, porque mientras hay que gobernar. Porque de ahí a que acumulemos la fuerza para que todo sea del Estado va a ser complejo." Groba descarta la vía armada por inviable, porque en Uruguay no hay monte como comprobaron —haciendo el ridículo y trayéndonos de regalo la dictadura— los tupamaros hace medio siglo. O sea, descarta recurrir a la violencia por ineficiente no porque descrea del método. Esto no debe llamar la atención, quien cree que un Estado policial debe controlar la vida de las personas evidentemente no verá ningún inconveniente en secuestrar, robar, torturar o asesinar para imponer un régimen que extermine las libertades. Nada nuevo, ya lo hicieron y así le fue el país.

Las palabras tienen consecuencias, y fomentar la violencia y realizar la apología de un régimen totalitario las tiene. Gracias a la sinceridad del diputado Groba sabemos que no instala una dictadura porque no puede, no porque no quiera. Es curiosa, aunque nada novedosa, la hemiplejia moral de la izquierda para condenar las dictaduras de derecha y aplaudir con pies y manos las dictaduras de izquierda. Ya sabemos que apoyan el horror al que Maduro somete a Venezuela, por totalitarios y para mantener el silencio de los negociados. Lo de Groba, sin embargo, abre una nueva dimensión consecuente con su visión, también quiere la dictadura para el Uruguay. Lamentablemente no se han alzado voces de condena como suele suceder en otros casos, cuando el aspirante a dictador no es de izquierda. A esta altura del partido los uruguayos deberíamos haber aprendido que un dictador es siempre un dictador. O no aprendimos nada.

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