Los ataques terroristas que sufrió Israel el sábado marcarán un antes y un después en la historia del conflicto en Medio Oriente. La declaración de estado de guerra llegó de inmediato, y según el grave pronunciamento del primer ministro israelí Netanyahu, “con la ayuda de Dios, con la ayuda de nuestras fuerzas compartidas, con la ayuda de nuestra fe en la eternidad de Israel: nosotros ganaremos”.
Hay toda una explicación teórica vinculada a la circunstancia actual de las relaciones internacionales que se maneja para intentar arrojar cierta racionalidad a los ataques terroristas de Hamas. Refiere, en efecto, a los cambios en la política exterior de Arabia Saudita, país líder en el mundo musulmán sunita más extremista, por un lado con relación a Irán y por otro lado con respecto un deshielo posible en su vínculo con Israel; a los acuerdos de Abraham de 2020, que normalizaron las relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Marruecos; y en definitiva, a un realineamiento regional que podría estar llevando a un aislamiento de la causa palestina en su lógica de ataque constante contra Israel.
Sin embargo, más allá del interés de esas elucubraciones, lo cierto es que la barbarie de los atentados de Hamas impide hacer de sus ataques terroristas un ejercicio teórico alejado de la realidad concreta de lo que efectivamente ocurrió: niños, ancianos, mujeres y civiles vejados y asesinados a mansalva al grito de “allah ´akbar” (Dios es grande); reivindicaciones anti- judías y alegría colectiva en la franja de Gaza frente a varios cadáveres de israelitas recién asesinados y exhibidos en las cajas de distintas camionetas; y muestras de apoyo a estas atrocidades con manifestaciones espontáneas de residentes musulmanes en distintos países de Europa occidental.
A toda esta barbarie desatada, hay que agregar las declaraciones de distintos referentes de la izquierda mundial que, definitivamente, dejaron en claro que Israel tiene muchos enemigos en el mundo. La zurda artimaña es conocida y se expuso nuevamente: frente a un ataque terrorista sufrido por Israel, se afirma un rechazo; pero en la misma frase esa barbarie se equipara con “la colonización”, “el imperialismo genocida” o cualquier otra expresión similar que busca relativizar lo ocurrido por causa de una especie de responsabilidad agresiva previa de Israel, que haría que todos estos ataques fuesen, en definitiva, bien merecidos.
Por mucho asco que den ese tipo de declaraciones, que intentan poner en pie de igualdad los casos de Hamas y de Al Fatah , que son regímenes criminales, autoritarios y corruptos llenos de fanáticos religiosos que respiran odio antisemita constante con Israel, que es una democracia moderna, libre, que incluye a árabes y judíos, que respeta las garantías individuales propias de un estado de derecho y que, por si fuera poco, fue atacado militarmente desde su primer día de existencia por poderes árabes de la región, no debemos dejar de tener claro quiénes son los que las promueven.
A nivel internacional, se verificaron esta vez en Pablo Iglesias en España, gran referente de su partido de extrema izquierda y también reciente asesor comunicacional del Frente Amplio; en el presidente de Colombia Gustavo Petro, cuyos vínculos con terroristas y narcotraficantes hace semanas que es primera noticia en su país; en la izquierda de Jean- Luc Mélenchon en Francia, completamente influenciada por grupos extremistas musulmanes; y en el expresidente de Bolivia Evo Morales, entre tantos otros ejemplos posibles.
A nivel nacional este posicionamiento tuvo su voz contundente en la declaración del comité ejecutivo del Partido Comunista (PCU), una de las principales fuerzas políticas del Frente Amplio y principal apoyo de la precandidatura presidencial de Carolina Cosse.
A raíz de los atroces atentados de Hamas contra Israel, el Partido Comunista del Uruguay cerró su comunicado afirmando que “el pueblo palestino tiene derecho a vivir en paz, a resistir la ocupación, a exigir la liberación de los miles de presos en cárceles israelíes, hombres, mujeres y niños, así como a mantener soberanía plena sobre su territorio”.
La guerra de Israel deberá contar con todo nuestro apoyo: se trata de una democracia amiga en la que viven miles de compatriotas, y de un Estado al que Uruguay ayudó protagónicamente al inicio de su historia. Pero, para el futuro, es muy importante que no olvidemos quién estuvo del lado de la civilización occidental, y quién relativizó barbarie musulmana cometida contra Israel, en este octubre de 2023.