Anulados, tibios y panteras

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Si debatir con Mieres, si anular el voto, si la pantera rosa, si votar en blanco, si hay tibieza: asombra la lista de temas muy laterales que terminan siendo el centro de la discusión respecto a este referéndum para el que falta ya poco.

Están los que queriendo derogar la ley, aconsejan a quienes prefieren votar en blanco, a que lo hagan anulado. No los convencen a votar por Sí, solo sugieren que opten por la anulación para no arruinar sus posibilidades de un triunfo. Es increíble que dicha campaña se haya reducido a estimular una opción tan derrotista. Quienes votarían en blanco desde la izquierda, son frentistas que temen darle la espalda a su grupo político, pero entienden que la ley no debe ser derogada. Por lo tanto transan. Omiten pronunciarse por el No, pero en los hechos lo facilitan. Quieren que la ley se mantenga, pero sin su firma. Si esa es su intención, ¿porqué querrían anular su voto? Estarían inclinando la balanza hacia donde no desean inclinarla. Por pruritos de lealtad optan por evitar el pronunciamiento explícito, pero igual desean hacer uno implícito.

Por otro lado, están los que estando a favor de mantener la ley llaman a votar en blanco porque entienden que así envían un mensaje crítico al gobierno al que cuestionan por ser “tibio”.

Tibio en todo caso es votar en blanco. Si se está a favor de la ley se vota lisa y llanamente por su no derogación. Al final, tantos cálculos para ver como mantener la ley sin hacerlo de forma clara bien podría terminar en su derogación. Jugar con la compleja lógica de las matemáticas es demasiado peligroso para tomar infundados riesgos.

El argumento de que el gobierno es “tibio” no tiene nada que ver con lo que está en juego en este referéndum.

¿De dónde sacaron los que promueven este voto en blanco que el gobierno debía ser más radical? Un candidato que desde 2014 se viene presentando para trabajar desde “la positiva”, con “responsabilidad responsable” y transando un programa de gobierno entre cinco partidos de perfiles diferentes, jamás puede ser un extremista radical dispuesto a pasar tabla rasa por todos lados.

La LUC la hizo un gobierno de coalición que negoció, transó, cedió y agregó cosas que tal vez estuvieran en un proyecto original del presidente cuando era candidato, pero terminó siendo algo más amplio.

Porque eso no fue lo que prometió, ganó las elecciones y mantiene hasta la fecha altos índices de aprobación.

Esta causa es promovida por la escritora Mercedes Vigil, autora de novelas muy populares, que parece haber entendido que su rol debía ser como el de tantos intelectuales y artistas que en el pasado abogaron por causas extremistas, sin necesariamente entender mucho de política. Quizás quiera emular a Benedetti o Galeano, pero desde un signo opuesto.

Cuenta con seguidores y detractores. Algunos adhieren a su causa, otros la rechazan. Algunos disfrutan de sus obras, otros no le ven ni atisbo de mínima calidad literaria.

Los defensores del voto por Sí insisten en usar la imagen de la pantera rosa. Olvidaron en cuánto ella está asociada a una figura de repudiada memoria en la historia reciente de esta región.

Al dictador argentino Jorge Rafael Videla le decían “la pantera rosa” y él alentaba el uso de esa simpática imagen. Flaco, alto y enjuto de rostro, muchos le veían un cierto parecido al legendario y desgarbado personaje, agradable e inofensivo.

Videla resultó no tener ninguno de los atributos que sus asesores pretendían asimilar con la pantera. Pero durante un tiempo, el truco funcionó y fue de a poco que se supo de su cruel metodología a la hora de violar derechos humanos en Argentina.

En ese contexto, la insistencia de los que defienden el voto por Sí con la pantera rosa como símbolo parece inadecuado y quizás contraproducente.

Queda por último resolver el trancado debate entre Fernando Pereira y Pablo Mieres. Pereira no lo quiere. Le teme y para evitarlo dice que Mieres no es autor de la ley, pues ella es un producto “herrerista”.

La ley la hizo un gobierno de coalición que negoció, transó, cedió y agregó cosas que tal vez estuvieran en un proyecto original del presidente cuando era candidato, pero terminó siendo algo más amplio y donde todos los socios fueron autores. Más lo fue Mieres, un ministro clave del actual gobierno y no una figura secundaria.

Pereira se niega a debatir y le reprocha a otros políticos (en especial los blancos) que hayan suspendido toda posibilidad de un debate hasta tanto se dirima este entuerto. Esos dirigentes tienen razón. Que primero arregle el debate con Mieres y cuando esto ocurra, lo demás ya se verá. Mientras mantenga su negativa, no le harán el favor de sacarle la pata del lazo. Y lo bien que hacen.

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