Ancap, sindicato y después...

El anuncio de que finalmente Ancap y el sindicato (Fancap) han llegado a un acuerdo, por más que la literatura del mismo tenga sus bemoles, es dentro de todo, una buena noticia. En especial teniendo en cuenta el enorme costo que ha significado para esta empresa del Estado, la jugada gremial. No hay que olvidar que es la de mayor porte del país y somos los ciudadanos todos quienes la sostenemos en buena medida, vía impuestos y tarifas; parte del elevado costo país que nos aqueja y no nos permite ser más competitivos.

Pero como ya sabemos, la mentalidad estatista está enraizada en nuestra sociedad y plebiscito mediante, lo demostró. Por lo tanto, más vale que a su frente haya gente que sepa de qué se trata y la maneje lo mejor posible. Si no, basta con recordar el vaciamiento de Ancap en tiempos de Sendic. La pésima gestión obligó al Tesoro Nacional a aplicar una inyección de capital de alrededor US$ 1000 millones.

Por suerte estamos en otro tiempo y con otra conducción, aun cuando su conocida superpoblada plantilla de empleados, obreros y técnicos, etc. hagan muy difícil una real eficiencia y alta productividad. A todo lo cual se agregan abusivas medidas gremiales que no solo entorpecen la dinámica industrial, sino que generan importantes erogaciones y pérdidas. Desde que se paró la refinería de La Teja el 4 de setiembre para su mantenimiento, el ritmo de las labores ha sido muy bajo dado que la dirigencia gremial resolvió que no se hicieran horas extras. Medida continuada hasta ahora truncando el cumplimiento de los plazos previstos para entrar nuevamente en funciones.

De acuerdo a su presidente, Alejandro Stipanicic, la refinería parada cuesta la friolera de 800 mil dólares diarios. Es fácil aquilatar el perjuicio provocado por el parate sindical de más de siete semanas gracias al entorpecimiento de los trabajos en la planta. Alcanza con hacer alguna cuenta. Más de una vez se ha dicho que con lo oneroso que es para el Uruguay la operativa de la refinería local, más valdría cerrarla e importar. Por ejemplo, su excesivo personal supera ampliamente a cualquier refinería con mucho mayor producción. Sin embargo, su presidente, una persona de larga trayectoria en el ente, no concuerda con ese punto de vista. Recalca que en casi 3 años, desde que se aprobó la LUC y se fijó la nueva metodología para la definición del precio del combustible, según el mercado regulado por la Ursea, Ancap ganó US$ 300 millones. Y recalca que podría haberse llegado a US$ 800 millones, si no se hubiera decidido dejar de cobrarle al mercado local US$ 450 millones.

Reconoce al mismo tiempo que el organismo debe aggiornarse para que el mundo que se viene “no le pase por arriba”.

Una pauta de ello es que en otras naciones ya hay refinerías que se manejan con inteligencia artificial al cien por ciento. Pero como era de esperarse, las discusiones con el sindicato están ancladas en la visión del pasado y son un serio obstáculo con miras a prepararse para el futuro. La automatización requiere inversión y un entendimiento con el sindicato “está muy lejos” según Stipanicic, quien reconoce que si no hubieran posiciones opuestas, la inversión demandaría unos US$ 200 millones y la modernización se pondría en práctica en un año. Pero para el directivo, llegar a entenderse con la otra parte puede hacer que la cifra se abulte considerablemente y demande largos años para que pueda cristalizar. Para ese entonces, es muy factible que ya resulte obsoleta.

A pesar de estas dificultades (hay de toda clase…) este gobierno no baja los brazos y se piensa entre otras cosas, en atraer inversores en energías renovables. El ministro Paganini aboga por el hidrógeno verde, (vía electrólisis) que si bien es un sistema de producción que aún se encuentra en pañales, no por ello es cuestión de dormirse puesto que ocupa un lugar preponderante en lo que se conoce como próxima transición energética. Uruguay tiene abundantes recursos naturales (agua), una ubicación en el planeta equidistante de centros económicos como Europa y Asia, estratégica desde un enfoque logístico y goza de buenas referencias por la fortaleza de sus instituciones. Es apreciada su tradición de cumplimiento de la ley, y de las reglas y los contratos.

Mientras en lo que respecta a incentivos fiscales, la ministra de Economía Arbeleche ha sostenido que el proyecto piloto H2U para producir hidrógeno verde, donde se sientan las bases para una colaboración público-privada de largo aliento, cuenta con el apoyo de la ley de promoción de inversiones.

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