En los últimos días dos episodios han pautado que el Frente Amplio versión 2024 es muy distinto de aquel que gobernó entre 2005 y 2015. Un largo proceso de incorporación de figuras de los partidos tradicionales, de moderación programática y de aproximaciones sucesivas al poder en que se fue ganando la confianza de los uruguayos pautaron el acceso al gobierno nacional por parte de la coalición de izquierda. El camino que viene siguiendo en el presente ciclo electoral es prácticamente el opuesto.
En primer lugar, es claro que este Frente Amplio no suma gente sino que la expulsa. El reciente caso de Juan Pedro Mir, el exjerarca de la educación del Frente Amplio y respetado experto en la materia es solo el ejemplo más reciente. Mir, realizando un análisis objetivo de la realidad entendió que el Frente Amplio no tiene el monopolio de la izquierda y encontró un lugar más afín a su sensibilidad socialdemócrata en el Partido Independiente. Allí no tiene que convivir con individuos que defienden dictaduras que violan los derechos humanos como las de Venezuela, Cuba o Nicaragua, ni tiene que soportar a defensores de terroristas criminales como los de Hamás, todo lo cual se encuentra en abundancia en el Frente Amplio.
Seguramente venderán como una incorporación a la empresa unipersonal de Fernando Amado, tratando de que el electorado olvide que ya ingresó y votó dentro del Frente Amplio la elección pasada y que formó parte de la tristísima campaña de Daniel Martínez.
En cualquier caso, fuera de la realidad paralela de Fernando Pereira no suma un voto.
En segundo lugar, lejos de seguir un proceso de moderación programática de manual como el que realizó Tabaré Vázquez para triunfar en 2004, el partido de Sendic hace todo los días un nuevo movimiento hacia la extrema izquierda. Un día tiene representantes participando en un foro en Rusia aplaudiendo a Vladimir Putin y otro tiene dirigentes participando del Foro de Puebla o de San Pablo junto a la izquierda antidemocrática que viola sistemáticamente los derechos humanos.
En temas de nuestro país, el apoyo del Partido Socialista y del Comunista al plebiscito que impulsa el Pit-Cnt para robarle a los uruguayos sus ahorros en las AFAP es otra muestra flagrante de que todo el conglomerado se radicaliza. Tabaré Vázquez hubiera cortado de raíz una iniciativa de tipo kirchnerista como esa, solo defendible por populistas demagógicos que pretender un Estado omnipotente que controle vida y hacienda de las personas.
Más recientemente en los vergonzosos comunicados del Frente Amplio (en dos oportunidades, porque el primero le salió todavía peor), el Partido Comunista y el Pit-Cnt, dan muestra también de que se cayeron del mapa. De defender a terroristas que asesinaron a personas inocentes, secuestraron niños y pasearon los cadáveres de las víctimas como trofeos de guerra no se vuelve. La mancha sobre la historia del Frente Amplio y el Pit-Cnt es gigantesca y no se lavará nunca.
Por más que existan operadores políticos como Gerardo Caetano que sale a atacar al actual gobierno por nimiedades cuando se callaban la boca cuando en los gobiernos del Frente se condenó a un vicepresidente, un ministro y un presidente de ente, o se calle la boca ahora cuando se procesa a un expresidente de ente de las mismas administraciones por destruir documentos públicos con pruebas a pocos días de dejar el poder, no se puede tapar el sol con un dedo. Caetano, a fin de cuentas, solo dilapida lo poco que le quedaba de prestigio académico y queda como un ciego militante más incapaz de reconocer lo evidente. En todo caso, vale la pena tomar apunte para los crédulos en los partidos tradicionales que invitan a Caetano a actividades como si aportara algo más que veneno, odio y resentimiento porque sus amigos perdieron el poder, cargos y contratos.
En definitiva, es claro que el partido de la oposición está desnorteado. Sin liderazgo que lo unifique, se divide en facciones que se pelean por quién está más a la izquierda y pierde de vista el electorado al que debe apuntar para ganar la elección. Esto, por cierto, es bueno para la Coalición Republicana, pero malo para el país y su debate democrático. Un partido que supo preciarse de su lucha por la democracia y los derechos humanos hoy se ha convertido en una caterva populista, radical y antisemita que solo puede recoger el desprecio de las personas que valoran, y seguramente añoran, el Frente Amplio de Líber Seregni, Tabaré Vázquez y Danilo Astori.