A partir de hoy, se hace justicia

Una buena noticia publicada este fin de semana (fue título de la primera plana de este diario) informa sobre la puesta en marcha de mecanismos que ponen fin a una larga, cruel e innecesaria injusticia: que las personas jubiladas no pudieran tener tareas rentadas.

Una primera mirada al titular del sábado (“Establecen reglas para que jubilados vuelvan a trabajar”) pudo haber causado preocupación. Es que la desconfianza tiene merecido lugar en este país, acostumbrado a que cada buena idea sea liquidada con una correspondiente “regulación”. Más de uno se preguntó qué reglas había que establecer para lo que estaba definitivamente resuelto con la Reforma Jubilatoria.

Una lectura atenta a la información de El País, aclara las cosas y termina con la alarma. Si todo es como lo dice el informe y no aparecen sorpresas, las reglas son sencillas. Una persona jubilada podrá trabajar y ganar un ingreso sin perder un peso de su jubilación. Esto entra en vigencia hoy mismo, martes 1º de agosto.

Es increíble que este tema se resuelva recién ahora, después de décadas de discusión. Muestra lo desalmado que puede ser el Estado cuando asuntos que preocupan a mucha gente, no están en el radar de sus servidores.

En anteriores editoriales de este diario, así como con los planteos de algunos de nuestros columnistas, el tema estuvo siempre sobre la mesa. Pero quienes debían legislarlo no prestaban atención. Se trataba de algo muy simple: que una persona pudiera trabajar y ganar un sueldo sin perder la jubilación que cobraba por derecho propio. A diferencia de lo que ocurría en muchas partes del mundo, acá el jubilado desaparecía del mapa. O como se solía decir, usando una imagen patética, dedicaba sus días a sentarse en la plaza a alimentar palomas. Era una forma de muerte antes de la muerte.

Esto perjudicaba a los jubilados del sector más castigado del sistema: los que aportaron a la Caja de Industria y Comercio. Una persona que había trabajado toda su vida en el Estado podía jubilarse y conseguir algo en el área privada. Lo inverso era casi imposible.

Son muchos los que llegada la edad (o quizás pasada esa edad) y con los años requeridos para retirarse, sienten que pueden ser útiles a la sociedad, a sus familias y a sí mismos y pueden compensar su ingreso (reducido desde el momento de la jubilación) en tareas que le dan satisfacción.

Gracias a la reforma previsional, una persona jubilada podrá trabajar y ganar un ingreso sin perder un peso de su jubilación. Esto entra en vigencia hoy mismo, martes 1º de agosto.

Es increíble pensar que algo que parece tan razonable y deseable, le fuera negado a generaciones enteras durante tantos años. A la hora de hablar de derechos humanos, este nunca fue considerado. Nadie veía la inmensa injusticia y la crueldad que implicaba no abordar una solución.

Intentos hubo. A comienzos de la década pasada un diputado nacionalista, Daniel Mañana, hizo una propuesta interesante, aunque comparado con lo que finalmente se pone en marcha, era muy tímida.

Luego surgió una propuesta del presidente Mujica que fue aprobada en 2013, pero que tenía tantos recaudos que su aplicación era compleja y parecía hecha más para satisfacer ciertas urgencias empresariales o estatales, que dar respuesta a los reclamos.

En el período pasado, el diputado colorado Conrado Rodríguez presentó la propuesta más redonda, que finalmente se incluyó en la reforma.

Así llegamos a lo que a partir de hoy empieza a ser un acto de justicia.

Habrá quienes encuentren en esta nueva realidad la posibilidad de sentirse útiles y de desarrollar nuevas aptitudes o continuar con tareas que disfrutaban hacer.

Habrá quienes realizando changas medianamente bien pagas compensarán una jubilación insuficiente, ya sea porque sus ingresos previos eran bajos, ya sea porque durante algunos períodos trabajó en negro y por lo tanto lo aportado no alcanzó, ya sea porque siempre y en cualquier situación, la jubilación implica una merma comparada con ingresos anteriores.

Habrá, por último quienes con lo que cobren, puedan separar suficiente dinero para pagar cada año ese abrumador impuesto que es el IASS. O sea que el jubilado tenga una entrada extra para tapar lo que le quitan como jubilado. Parece una ironía. Es que resuelto este problema el próximo a abordar es el IASS, una aberración impositiva, tanto por su sola existencia, como por los complicados mecanismos para pagarlo justo en un momento de la vida en que la gente no quiere más complicaciones ni le resulta físicamente sencillo hacerlo.

Por ahora pues, a celebrar este importante cambio que es de pura justicia.

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