90 años de la guerra civil española

Se cumplieron en estos días 90 años del inicio de la guerra civil española. Es algo que parece muy lejano, pero sus consecuencias políticas, sociales y culturales se hicieron sentir en esta parte del mundo hasta bien avanzado el siglo XX.

El 17 de julio de 1936 la sublevación militar contra la república comenzó en el protectorado de Marruecos, cuando las guarniciones de Melilla, Ceuta y Tetuán se levantaron con éxito, tomando el control militar de la zona. Al día siguiente el levantamiento se extendió por España misma, mientras que el general Francisco Franco (1892-1975) se hacía del mando del Ejército de África. Fue el 19 de julio que la rebelión se extendió finalmente en las grandes ciudades donde ganó, como por ejemplo Burgos y Sevilla, aunque no logró hacerse de Madrid ni de Barcelona.

El enfrentamiento fratricida llevó a dividir al país en dos. Por un lado, la zona de los nacionales, es decir los golpistas, que controlaban principalmente el norte agrario, Galicia, parte de Andalucía occidental y el protectorado marroquí. Y por otro lado, la zona leal, es decir de los republicanos, que mantuvieron el control de las zonas más industrializadas, las cuencas mineras, las grandes ciudades y la mayor parte de la marina y la aviación.

Se trató del conflicto más importante del período entre las dos guerras mundiales, porque además allí se enfrentaron de manera indirecta grandes potencias europeas: La Unión Soviética de Stalin apoyó fuertemente a los republicanos, además de recibir ese bando ayudas internacionales de partidos y gobiernos afines; y los nacionales recibieron gran apoyo de la Italia de Mussolini y de la Alemania nazi. Los muertos españoles fueron alrededor de medio millón de personas, a los que se sumaron no menos de 400.000 exiliados. El conflicto terminó en abril de 1939, y le costó lustros a España salir de la enorme miseria en la que quedó luego de su guerra civil.

Todo esto que es bien conocido por los historiadores de ninguna manera narra hasta qué punto la guerra civil española fue un terremoto social, político y cultural para todo el mundo americano.

En primer lugar, en todas partes se tomó partido por un bando o por el otro, lo que llevó por doquier un enfrentamiento que terminó siendo durísimo para todos los involucrados. Y en segundo lugar, el exilio español fue muy importante para toda América. Aquí en Uruguay, que en esos años y a pesar de sus dificultades era uno de los países más democráticos del continente, se instalaron grandes figuras intelectuales y sobre todo afines al campo republicano.

Pueden destacarse al menos dos muy importantes. Margarita Xirgú, gran amiga del poeta Federico García Lorca, uno de los asesinados en tiempo de guerra civil, tuvo un enorme impacto ya que su influencia transformó al teatro nacional que ya era, por cierto, muy destacado en la región.

Y también José Bergamín, uno de los intelectuales españoles más relevantes de la llamada generación de 1927, residió en Montevideo a finales de los años 1940 e inicios de los años 1950. Fue uno de los que dio nombre a lo que se llamó aquí la Generación del 45. Sus ensayos y conferencias marcaron profundamente a la intelectualidad local de la época.

Esas notables figuras del mundo intelectual, sumadas a muchos otros españoles que llegaron a nuestro país por esos años, marcaron nuestra cultura y nuestra forma de ver el enfrentamiento político que marcó al siglo XX a partir de los años 1940. Si existen estudios profundos y equilibrados sobre esta fortísima influencia, hay que decir que infelizmente ellos no han sido lo suficiente difundidos. Pero, en cualquier caso, es evidente que hubo un vínculo estrecho entre la forma de entender el mundo de estos republicanos exiliados españoles y la forma en la que el Uruguay de finales de los años 1950 e inicios de los años 1960 enfrentó su crisis económica, esa que terminó poniendo en tela de juicio su institucionalidad democrática años más tarde.

Muchos de los españoles que traían consigo las heridas de la guerra civil y la tremenda derrota del campo republicano extendieron por todas partes en América la idea de que el adversario político era, en verdad, un enemigo pérfido que debía de ser vencido, o que al menos debía de ser desenmascarado de manera de mostrar así su rostro derechista, extremista y antipopular, ese que había ganado por la fuerza en la madre patria. Aquella guerra civil que se inició hace 90 años en España terminó así durando culturalmente muchas décadas en nuestro continente.

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