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Uruguayos que emigran

Cuestión de objetivos


@|Se pueden escuchar o leer muchas opiniones sobre los que deciden emigrar. 

Si realmente son o no uruguayos, si realmente las encuestas son lo que son, o no, etc., pero como persona que vivo en el exterior, créanme que nunca fue lo que quise, ni lo hubiese programado nunca. 

Los hechos lo van llevando a uno, claro, no a todos, sino a todos aquellos que pasamos momentos difíciles ,a decidir irse. 

Quizás quien emigra es el que no opta por lo fácil, como por ejemplo puede ser el de acceder a un puesto público de los interminables llamados, porque su cabeza es más grande que la de quien decide cumplir seis horas de lunes a viernes y nada más. Tuve la posibilidad de ingresar a un ente autónomo, combustibles, alcohol y portland, pero siempre pensé que me tenía que proyectar más allá de un fácil empleo público. 

Si tampoco se tienen contactos, o si en tu entorno no hay plata, a veces no queda otra, y créanlo, nunca es lo que un uruguayo quisiera. La “chatura” también juega un papel importante. Uno muchas veces pretende proyectarse, aplicar todos los conocimientos, y nuestro lindo paisito, muchas veces no nos lo brinda. 

Conozco mucha gente que nunca ha pensado en irse, pero claro, tampoco piensan más allá de las seis horas, sin mucho compromiso, sin riesgos, sin jugársela, etc. Entrar a un empleo público, alistarse en un cuerpo militar o policial, conocer a alguien que te de una mano o simplemente vivir en la chiquita, es la idiosincracia de muchos charrúas. 

Desde un biólogo, un arquitecto, pasando por un pintor, y hasta un cocinero, tienen en la mayoría de los casos que emigrar para llegar lejos en su profesión. Los que emigran nunca serán franceses, americanos, alemanes, australianos ni nada, siempre serán uruguayos, que no se olvidan nunca donde nacieron, que pueden abandonar el mate, pero en el “mate” le queda siempre su bandera, su barrio. 

No confundamos, en realidad habría que ponerse a analizar al revés, o sea el porqué se quedan, qué pretenden o no de sus vidas, de su profesión, etc.
Un joven de verdad busca adrenalina, progreso, desarrollo, y no el estancamiento chato, de esperar el sábado para sentarse en el muro de la rambla con el mate viendo la vida pasar como lo hace un jubilado. Nuestra capacidad, nuestros estudios, tienen un valor, y muchas veces no son considerados ni reconocidos o simplemente no hay cabida. En el mundo hay muchos problemas, sí, es verdad, pero donde suelen emigrar los uruguayos, por lo menos lo básico para vivir es fácil lograrlo. En Australia, en Canadá, en EE.UU., en Israel, o incluso en la madre España se trabaja para lograr otros objetivos, que el de recorrer dos o tres almacenes al día para comprar un pesito más barato el azúcar, la carne, el pan o la yerba.
Gratificarse de vez en cuando saliendo a comer unas simples pizzas, a veces se torna imposible si tenemos familia, no hay plata que alcance. Hoy día está demostrado que los jóvenes atrasan la formación de familias, atrasan e incluso no proyectan hijos porque saben que no los podrán mantener y además, muchos perduran muchos años en los hogares paternos para evitar alquileres, gastos, etc. 

Emigrar es más que irse de nuestra tierra, es proyectar un futuro, vivir con mayúscula, que valoren nuestra profesión aunque sea la menos pensada o la que aquí no se tome como tal. 

No todos debemos ser “mi hijo el doctor”. En el resto del mundo se puede vivir de actividades que aquí sería impensable... 

Sé de uruguayos que viven de la pintura sin ser un Picasso, sencillamente pueden vivir pintando a su manera en lugares turísticos, como al pie de la torre Eiffel. 

Otros viven de enseñar tango, o de miles de actividades que no tienen que ser las que nos han inculcado nuestras prehistóricas familias. 

En fin, es fácil criticar al que emigra, claro, habría que ver de qué trabajan, o quienes son los que lo hacen. 

Mientras no se cambie la cabeza, mientras nuestro país siga siendo del tercer mundo, no habrá mucha más cabida que para las clásicas profesiones.

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