Dr. Amadeo Ottati Folle | Montevideo
@|En mi ya perimida condición de periodista deportivo, he visto desfilar por nuestro medio a un sin fin de excelentes futbolistas (veo fútbol desde la década del 40).
Y si hoy me permito reclamar la atención de los lectores de este diario, es para destacar la presencia en nuestro medio (lamentablemente por un corto período, según se ha pactado con su Club de origen) de un jugador digno de figurar en la selecta nómina que he mencionado anteriormente. Se llama Leonardo (o Leo) Fernández.
Ya desde sus inicios en Fénix, figuraba en el radar de los entendidos como un futbolista de muy promisorias condiciones. Y, como suele suceder, prontamente emigró. Ello no fue óbice para que la pupila del actual técnico de Peñarol Diego Aguirre, recomendara a comienzos de este año su contratación; aún a sabiendas de que -por lógicas exigencias del Club del exterior en que actualmente milita- sólo iba a contar con su concurso por un tiempo limitado (que luego se ha extendido, a expresa y lógica petición de la dirigencia aurinegra, hasta el final de esta temporada).
Al momento de su salida al exterior, si algo le destacaba era el hecho de que poseía una virtud muy singular: ¡la forma en que le pegaba a la pelota! Alguien como Juan Ramón Carrasco (una autoridad indiscutida precisamente en ese rubro) en algún reportaje de aquel entonces, ya había mencionado esa peculiaridad. Y, vuelto unos años después a nuestro fútbol, Leo se ha encargado de demostrar fehacientemente que ¡le pega a la pelota como nadie! Y tengo que retrotraerme en el tiempo, para encontrar jugadores con esa singular y tan preciada cualidad, con los que pueda comparársele: además del ya citado Carrasco, debo acudir inevitablemente a la figura de Pablo Bengoechea; con el que incluso tiene un parecido mayor.
Es un verdadero deleite ver la precisión de su pegada, ya sea cuando remata hacia el arco adversario (ya lleva varios goles conseguidos por esa vía) o cuando, con pases milimétricos, le pone la pelota justa a algún compañero, ubicado a corta o larga distancia. Pero si algo le faltara para demostrar su singular valía, exhibe también algunas otras cualidades que le transforman en un futbolista completo. Es muy laborioso y su incesante despliegue abarca varios sectores del campo; pide siempre la pelota, a la que invariablemente le da el exacto destino, ubicando con singular precisión al compañero mejor ubicado, ya sea a corta o larga distancia. Y a ello le agrega una faceta aún más destacable, cual es la de soportar de modo inclaudicable y casi estoico, los duros golpes que comúnmente recibe de parte de quienes vanamente intentan neutralizarlo o sacarlo de la cancha. Él se levanta y siempre sigue.
Lamentablemente, por lo antes explicado, su actual y rutilante pasaje por nuestro fútbol tiene fecha de vencimiento. Pero, me pregunto: ¿hay algún futbolista con iguales condiciones en nuestra Selección mayor? ¿No es un absoluto e ilógico desperdicio el no hacerle un lugar en ella?