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¿Tibios o jugados?

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|La excelente editorial de El País del lunes 16 de diciembre, lleva idéntico título. Se necesitan “… tibios y jugados a la vez… los tibios para articular y contemplar… y los jugados que permanentemente están picando espuelas… para ir más a fondo”.

En realidad, se trata de dos esferas de acción relacionadas pero diferentes. Por un lado, es necesario ganar elecciones, pero para hacerlo en un contexto afín al pensamiento liberal, sin necesitar de la engañosa tibieza, se hace necesario ganar la batalla cultural. El primer objetivo es de corto plazo y por el momento no hay más remedio que ser tibio, porque el discurso liberal, tal como están hoy las cosas, naufraga a la hora de ganar elecciones. Pero para que las victorias electorales no sean cada vez más escurridizas, hay que cambiar esta contracultura plena de antivalores que ganó el imaginario de la gente en un inexorable proceso hacia la hegemonía cultural que empezó con la insurrección sesentista. Y allí es necesario ser un “jugado”.

Los políticos deben ganar elecciones, por lo que se entiende en ellos la tibieza, particularmente en períodos electorales. Pero los intelectuales deben formar opinión y allí hay que tener claro los valores que pueden cimentar una cultura proclive al desarrollo humano y económico. Tienen que “jugársela”.

El adversario tiene muy clara esta duplicidad. A la hora de ganar votos indecisos, da garantías de moderación, y ensaya un discurso “catch all”: jubilación a los 60 y también a los 65, las dos a la vez; la ejemplaridad de los comicios en dos democracias: Uruguay y en Venezuela, las dos a la vez; la iniciativa privada y la idea de una sociedad sin diferencias económicas, las dos a la vez; subir el gasto, bajar impuestos y tener superávit fiscal; los tres a la vez; el sistema jubilatorio con AFAPs y sin AFAPs, los dos a la vez. Pero ningún frenteamplista ideologizado (que son los que forman opinión día a día) deja de batallar por la consolidación de los antivalores propios de una cosmovisión social que sigue siendo colectivista y estatista.

El antivalor estatismo ha logrado convencer a mucha gente que su felicidad puede provenir de un gobierno que maneje bien un Estado interventor, que regule la vida cotidiana de los individuos.

El antivalor del igualitarismo ha logrado instalar la idea de que el progreso de los menos favorecidos no proviene de la creación de más riqueza (desarrollo económico) sino de una administración “Robin Hood” que le saque al rico para darle al pobre. Se omite deliberadamente correlacionar el igualitarismo distributivo con una inversión cada vez menos significativa, lo que en definitiva redunda en una pobreza creciente y generalizada que afecta antes que nada a los menos favorecidos. Los antivalores provenientes de la exacerbación de antagonismos (varón -mujer; blanco-negro; homo -hetero; catastrofismo climático) ponen en juego la lógica de la confrontación que sólo se dilucida venciendo y no colaborando y por lo tanto dinamita la colaboración de todos los sectores sociales en la construcción del desarrollo. La demonización del mercado ha convencido al mayor número de que lejos de ser el ámbito en donde cada uno de nosotros opera libremente, formando precios y asignando recursos de manera óptima, se trata de un contubernio perverso dominado por los más poderosos que impregna de miseria al mayor número.

Se trata de un conjunto de antivalores hegemónicos por lo que se pretende imponer progresivamente disfunciones en la economía de mercado, para poder ir sustituyéndola paso a paso por el estatismo colectivista y la economía administrada in totum por el plan central. Es el nuevo derrotero que se han marcado para instalar a largo plazo el socialismo real. Es el nuevo camino de servidumbre.

Nuestro discurso en plena campaña electoral puede admitir cierta tibieza, pero no podemos mimetizarnos con estos antivalores porque al hacerlo estaremos consolidando la hegemonía del adversario y demarcando un campo de juego en el que nos será cada vez más difícil “hacerles partido”. Además, el desarrollo económico estará cada vez más lejos.

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