El Gramillero | Montevideo
@|Durante los tiempos de la desaparecida Unión Soviética a cada rato se sucedían purgas de dirigentes. Nombre feo, pero así les decían. Es decir, algunos compañeros hacían o decían algo que se desviase de la línea de conducta de Stalin y eran eliminados: los desaparecían. Además de la desaparición física los borraban de todas las fotos oficiales. La nueva foto, retocada, tenía un paño de pared en el lugar donde había figurado el infeliz que había caído en desgracia.
La alteración o el retoque de las fotos se hacía con la intención de poder modificar el relato de lo que había pasado. A veces se adultera el relato del pasado de otro modo: no suprimiendo partes de él (borrando las fotos) sino agregando. Eso es lo que están haciendo algunas figuras del Partido Comunista en estos momentos en que todo el país recuerda el golpe de Estado. Pongamos en evidencia el truco.
Simplifican el relato de aquellos hechos luctuosos y terribles en un enfrentamiento de agresores y agredidos: los agresores serían los militares y los agredidos todo el pueblo oriental. Los buenos y los malos.
Ese cuento no se lo cree nadie: no lo repite ni Mujica. Digo más: ya no lo repite ni Lucía Topolansky. Todo el mundo sabe que hubo una agresión armada contra la democracia de parte de los tupamaros y otra agresión de parte de los militares golpistas.
Para sustituir ese cuento chino ya poco creído algunos referentes de la izquierda están manejando otro. Funciona así: hacen una lista de casos de represión policial que arranca allá por 1945: clubes del Partido Comunista apedreados, huelgas reprimidas y ciudadanos apaleados gravemente y aún muertos. Con eso quieren demostrar que la represión había comenzado mucho antes y que los que empezaron no fueron ellos, los de izquierda, sino el Estado y las fuerzas del orden. El Uruguay ya era, desde hacía mucho tiempo, campo de la represión de derecha anti popular y los izquierdistas las víctimas: era una democracia de pacotilla que legitimaba el intento de derribarla.
Rosencof acaba de sacar un libro que sugiere esa versión. El senador Andrade, en una exposición que hizo el viernes 30 en la Junta Departamental de San José, hizo la misma numeración de víctimas. En ambos idénticos casos para probar que el viejo Uruguay, tan invocado y respetado como ejemplo democrático era, en cambio, una vergüenza de atropellos, una democracia de pacotilla. Algo muy distinto había dicho el Che Guevara en su visita a Montevideo, cuando en su discurso en la Universidad dijo, en sustancia, que el Uruguay era un lugar de libertad ejemplar y que no fueran tan irresponsables de pensar en una guerrilla: no tendría justificación ni sentido.
Rosencof, vieja figura comunista y Andrade, miembro actual del Partido Comunista, han incorporado el mismo atajo para modificar las fotos del pasado. No los sigo, pero estoy seguro que ese verso ya se ha oído y vamos a oír unas cuantas veces. Si el partido baja línea: todos alineados (o alienados). No hagan ningún caso a los que ahora quieren ganar en el retoque de las fotos.