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¿Puentes en la grieta?

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Sería fantástico. ¿Fantástico? Me temo que no. Sería conveniente al menos que los ingenieros que los construyen (que son los de este lado) tengan bien claro quién los espera en la cabecera de enfrente. Sería bueno también que repasaran una historia que vuelve a repetirse y que nos muestra un extremo de puente que crece inexorablemente y otro que se debilita en idénticas proporciones.

En aquel lejano 5 de febrero de 1971 hacían el primer intento: Juan Pablo Terra (Presidente del Partido Demócrata Cristiano); Arturo Baliñas (presidente del Comité Ejecutivo Provisorio de los ciudadanos que formularon el llamamiento del 7 de Octubre de 1970 para la constitución de un frente amplio); Jorge Durán Matos (Movimiento Herrerista,); Francisco Rodríguez Camusso (Movimiento Blanco Popular y Progresista); y Zelmar Michelini (Movimiento por el Gobierno del Pueblo – Lista 99). Luego se sumaron más ingenieros: Alba Roballo, Hugo Batalla. La vida del propio Cr. Astori fue un puente que intentó transitar desde una cabecera a otra. En ese tránsito su capital político se cayó al agua y se lo llevó la corriente. ¿Qué queda hoy de todos ellos?

Estos frenteamplistas no marxistas intentaban construir un puente sobre una grieta que sólo una década atrás no existía. La creación de la grieta (algo artificiosa en aquel Uruguay de los 60) no fue más que una estrategia que, en el marco de la “Guerra Fría”, se delineó organizó, entrenó y financió desde Moscú (PCU) y La Habana (MLNT). Se trata ni más ni menos que de los partidos políticos que hoy colonizan el Frente Amplio. En términos leninistas se trataba de crear “las condiciones subjetivas de la revolución”.

Que la historia haya dejado claro que se trató de una revolución que se perdió en el camino no hace a la cosa, porque la formación política de esas fracciones del Frente Amplio permanece transitando por el mismo derrotero leninista para la conquista del poder. Como si todavía fueran poseedores de una carta de reemplazo del sistema vigente capaz de redimir al género humano e instalar el reino de Dios en la tierra.

Ya no matan ni secuestran, ni apedrean comercios o autobuses. Ya no poseen aparatos armados destinados a la toma del poder por la vía militar. Pero su obstinada oposición basada en relatos construidos desde una consciente falsedad, su campaña de mentiras carentes de todo fundamento, su alarmismo, su catastrofismo, su permanente utilización de los mecanismos de la democracia directa con propuestas antipatrióticas lo confirman.

Nadie crea una grieta para, luego, construir un puente que una fraternalmente ambos extremos. Las grietas se construyen desde la dialéctica de la confrontación, por la que toda verdadera solución sólo puede provenir del exterminio o al menos de la conquista de todos quienes quedaron del otro lado. Ni comunistas ni emepepistas han cambiado este temperamento.

En febrero de 1971 se unieron en el Frente Amplio sectores marxistas y no marxistas. Mientras estos últimos pensaban ingenuamente en una alianza duradera, respetuosa, sólido puente que conduciría a una agenda de reformas sociales en el marco de la economía de mercado, los sectores marxistas estaban dando cumplimiento sólo a la primera etapa de su revolución: la creación de frentes populares policlasistas. Una alianza con sectores destinados a ser “vanguardizados” por los verdaderos representantes de los trabajadores, es decir de “el pueblo”. Esto no es producto de una lucubración; está en los textos leninistas.

Hagan el puente nomás y veremos cómo nos va. Pero al menos… ¡compren salvavidas!

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