Héctor Barone | Paysandú
@|Soy un viejo de 75 años, de clase media, de Paysandú, que ha vivido todas las etapas que tuvo Uruguay en estos años. Mi niñez transcurrió durante los últimos años del modelo batllista tradicional. Viví y milité mi primera elección en el 71. En el año 68, me trasladé a Montevideo a cursar estudios de Agronomía y sufrí la crisis del modelo democrático y luego el golpe de Estado. He votado blanco y colorado, nunca al FA y así espero culminar mi vida.
Estudié en una facultad cooptada, como todas, por el marxismo; sin clases curriculares, con cursos políticos marxistas, sin materiales de estudio por no participar en esos cursos de adoctrinamiento desembozado. Como casi todos los estudiantes fui blanco de la dictadura. Recuerdo que los militares irrumpían en mi pensión, en la que vivía un tupamaro que luego se fugó y murió luchando por las FARC en Colombia. Aparte del lógico nerviosismo que se vivía y las incomodidades naturales de alguna detención y revisión de identidad, muy eventual, nunca sufrí agresión alguna. Se vivía lo que era, una guerra. Como en toda guerra hay muertos y perseguidos inocentes. Pero sabían en general a quién perseguían, detenían y porqué.
Luego, con el retorno de la democracia, comenzó nuevamente un tiempo de libertad en el país, con sus luces y sombras, del cual gozamos.
En 1997, se aprobó una reforma constitucional para evitar la llegada de la Izquierda marxista al poder. Ésta, muy inteligentemente la aprovechó en su beneficio. Incomprensiblemente los partidos tradicionales, no. Realmente no comprendo, ni justifico esta actitud.
Uruguay ha cambiado poco a poco, para bien, desde aquel lejano y muy vigente 1904. Ya han pasado 120 años de aquella gesta heroica. Posteriormente del retorno a la democracia han habido varios gobiernos de los partidos tradicionales y en todos ellos se ha cogobernado hasta ahora, exitosamente, entre blancos, colorados y distintos partidos menores muy valiosos.
En esta última elección nacional, le cedieron, al inteligente FA, sin ni siquiera sonrojarse, la mayoría en la cámara de Senadores, por esta miopía. ¿Esos se llaman políticos “con luces largas”?
Estoy de acuerdo con que las banderas tradicionales pesan y no deberían arriarse nunca (solo bajarlas un poquito y elevar más nuestra Bandera Patria), pero no amputarse la posibilidad de mayorías parlamentarias que facilitarían llegar a acuerdos y un triunfo de la Coalición Republicana en el próximo balotaje.
No entiendo cómo por mezquindades o soberbia no han formado un Partido Coalición Republicana, donde se plasmen las innumerables ideas compartidas, se defiendan, se acuerden los matices y se lleven adelante políticas en pos del supremo y urgente bien común del país.
Líderes políticos empecemos ya a crear un Partido Coalición Republicana Nacional, manteniendo las gloriosas banderas como integrantes fundamentales del mismo, pero unidas en un solo partido, abierto a nuevas incorporaciones de agrupaciones que con similares objetivos se quieran sumar.