Roberto | Montevideo
@|Un paro general en nombre del 8M: el sindicalismo como herramienta de imposición ideológica.
El PIT-CNT ha convocado a un nuevo paro general, de 24 horas, el 8 de marzo, justificándolo en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Pero más allá del discurso de derechos e igualdad, esta medida es una muestra más de cómo el sindicalismo se ha convertido en una herramienta de presión política, subordinada a la agenda ideológica de la izquierda más radical.
Este paro no es por mejoras laborales ni reivindicaciones genuinas de los trabajadores. Es una excusa para adoctrinar y movilizar a la población bajo una ideología que divide y confronta. Bajo el pretexto de luchar contra la desigualdad, se impone una visión de la sociedad en la que las mujeres son vistas como víctimas permanentes y los hombres como opresores sistémicos. Se fomenta el resentimiento y la polarización en lugar de promover soluciones reales.
Además, es inaceptable que una central sindical, financiada con aportes de trabajadores de todos los sectores y pensamientos, se asigne el derecho de decidir qué causas merecen paralizar el país. El 8M ha sido cooptado por el movimiento woke, que en lugar de buscar igualdad real, impone discursos que condenan al disidente y promueven la censura de quienes piensan distinto.
El trabajo y la producción no deberían estar al servicio de campañas ideológicas. Cada vez que se utiliza un paro como arma política, se daña a los trabajadores, a las empresas y a la sociedad en su conjunto. La verdadera lucha por la igualdad no pasa por detener el país, sino por generar oportunidades, valorar el esfuerzo individual y rechazar la imposición de un pensamiento único que busca someter la libertad de todos.