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Militancia y gobierno

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Como entidad política, el Frente Amplio de hoy está siendo afectado por la grieta ideológico cultural que también divide al país. En el FA, militancia y gobierno son las márgenes opuestas de esa grieta. Las últimas encuestas acerca de la popularidad del presidente Orsi (que baja en las filas frenteamplistas) nos ayudan a tener una idea del tamaño del colectivo al que podríamos referirnos como “la militancia ideologizada y radical” del FA. Se trata de los arquitectos del “muro de yerba” edificado en los comités de base como nos señala F. Faig. Si hacemos números, ese 13% de los votantes del FA que desaprueba la gestión presidencial (por la izquierda) representan algo menos de 150 mil personas en edad de votar. Pocos sí, pero muy activos y de gritería estridente.

Lo primero que debemos entender es la psicología, la predisposición a la acción, la dirección de pensamiento y la visión de la realidad de ese colectivo frenteamplista. Estamos ante individuos que conciben la acción política como una lucha, un combate, contra un sistema que, en su visión, es perverso y privilegia injustamente a determinados sectores sociales que resulta necesario despojar, aniquilar. En este orden de ideas, poco importa que el gobierno sea ejercido por el propio partido (coalición) al que pertenecen.

Desde el momento que hay otra mitad del país que se opone al paradigma colectivista y pone palos en la rueda para la consecución de esos fines, ese militante estará en pie de lucha y se opondrá a todo lo que sea consolidación del sistema que quiso derribar y que, si bien fracasó al intentarlo, continúa aborreciendo. Y se va a oponer a todas las iniciativas pragmáticas o moderadas aunque provengan del ministro de economía que su propio partido ha designado.

Es más una actitud política que una forma de pensar en política. Actitud que da un giro de 180 grados cuando los que se oponen al paradigma colectivista son perseguidos, acallados, reprimidos, encarcelados. Cuando ese proceso se desencadena (Cuba, Nicaragua, Venezuela) todo se torna aprobación de la noche a la mañana. El milagro se produjo y en su mérito, resulta perfectamente compatible asistir desde hace 30 años a la marcha por los desaparecidos y, al mismo tiempo, soslayar o incluso aprobar aberraciones como el Helicoide caraqueño.

A fuerza de fracasos reiterados, nuestro militante intuye que el destino final socialista es imposible, pero la lucha que antes conducía a ese objetivo y que ha marcado su personalidad al punto de impedirle advertir que va camino hacia un agujero de chatarra social sigue vigente. Poco importa que el socialismo real haya muerto en tanto la lucha por imponerlo, que sigue modelando su praxis de titánica heroicidad, sea posible, lo prestigie, le otorgue identidad y sentido de pertenencia a un colectivo que percibe como moralmente superior.

En la otra margen de la grieta se encuentra el frenteamplista con responsabilidad de gobierno. Se trata de alguien que con frecuencia es escogido entre la elite militante pero que, a poco de enfrentarse a las medidas concretas antisistémicas con que la ideología lo mandata, advierte lo disparatado que resultan sus consecuencias. Y como casi nadie en su sano juicio quiere ser el partero del desastre, en muchos casos el tipo se detiene, retrocede.

Lo primero que se presenta ante cualquier persona con responsabilidad de gobierno es la escasez de recursos en toda su mezquina realidad. Allí opera en principio el reflejo ideológico: pero si los recursos son escasos, saquémosle al que más tiene. Fenómeno, pero mirá que se resiente la inversión. Y para abrir fuentes de trabajo y mejorar genuinamente el salario real se necesita inversión, mucha inversión. Y los que invierten son precisamente los que más tienen.

Como resultado de esta primaria tensión nuestro gobernante no siempre retrocede porque su paradigma colectivista le dice que es el Estado el que debe invertir. Y así es como tenemos los 800 millones de dólares con que el MEF tuvo que recapitalizar a la ANCAP de Sendic (hijo) amén de otras bellezas como la regasificadora (Gas Sayago), Pluna, Alur, Antel Arena, proyecto Aratirí, puerto de aguas profundas, cemento portland, etc.

El tipo, o se detiene o se estrella. Este “detenerse” tras advertir la insania de las propuestas de la militancia radical es lo que explica que en Uruguay la formación bruta de capital fijo del sector público pasó de un 20.4% del total en 2005 a un 19.9% en 2019, de donde se concluye que no existieron modificaciones estructurales durante el período de gobierno de la coalición de izquierdas en cuanto a la socialización (estatización) del capital.

La militancia frenteamplista vocifera socialismo y los gobernantes que ellos eligen habitan en (disfuncionan) el capitalismo. ¡Menos mal!

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