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Memoria incompleta

Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|Lo que oculta el relato oficial sobre el quiebre institucional de 1973.

El mensaje publicado por Yamandú Orsi apela a conceptos universales como la memoria, la verdad y la justicia, pero lo hace desde un relato lineal que omite la complejidad, las contradicciones y las responsabilidades compartidas de los años inmediatamente anteriores al golpe.

Reconstruir la historia real, sin silencios ni olvidos, exige desmontar la idea de que la democracia se rompió de un día para el otro en junio de 1973 y exponer la verdad histórica que falta.

1- La omisión de las negociaciones y el proyecto del “Golpe de Izquierda” (1972).

El relato oficial diluye el escenario de extrema polarización política de inicios de la década de 1970, obviando un capítulo clave que contradice la narrativa de dos bandos rígidamente enfrentados, las “Negociaciones del Batallón Florida”, en el invierno de 1972.

Para ese momento, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) estaba militarmente desarticulado y sus principales cuadros (como Eleuterio Fernández Huidobro, Pepe Mujica y Mauricio Rosencof) estaban presos.

En ese contexto, se abrió un canal de diálogo directo entre los dirigentes guerrilleros detenidos y los mandos militares; en esos encuentros se fraguó una tregua táctica basada en coincidencias peligrosas: la desconfianza mutua hacia los políticos tradicionales (vistos como corruptos) y una visión nacionalista en lo económico.

Sectores de la guerrilla aportaron información sobre delitos financieros a los militares, alimentando la ilusión de una alianza “peruanista” (un régimen militar-populista de izquierda) para imponer reformas por la ventana del poder castrense, legitimando la intervención militar en la vida política.

2- El espejo de Febrero de 1973: Los Comunicados 4 y 7 y la fascinación de la izquierda.

La verdadera antesala del golpe ocurrió en febrero de 1973 (“Febrero Amargo”), un episodio que el discurso oficial prefiere no recordar; cuando el Ejército y la Fuerza Aérea se sublevaron contra el nombramiento del Ministro de Defensa, Antonio Francese, emitieron los Comunicados 4 y 7.

Estas proclamas contenían un fuerte tinte populista y desarrollista (promesas de reforma agraria, combate a la especulación y participación de los trabajadores).

Bajo la falsa premisa de que la contradicción del momento no era “democracia o dictadura” sino “oligarquía o pueblo”, gran parte de la izquierda civil cayó en la fascinación.

El Partido Comunista, a través del diario El Popular, saludó los comunicados hablando de “militares patriotas”, y amplios sectores de la central obrera (CNT) manifestaron públicamente sus coincidencias con los golpistas; la defensa estricta de las instituciones democráticas fue relegada ante la expectativa de un giro revolucionario dentro de los cuarteles.

3- El abandono total al Presidente y a la legalidad.

El texto de Orsi habla de “asumir la responsabilidad de cuidar la democracia”, pero oculta el vacío político absoluto y la pasividad generalizada de la sociedad en el momento crítico de febrero de 1973. Cuando el Presidente constitucional Juan María Bordaberry convocó al pueblo a la Plaza Independencia para defender las instituciones frente a los tanques, solo acudieron unas pocas decenas de personas.

Los partidos políticos estaban fracturados y desgastados; la población, apática; y la CNT optó por una postura de expectativa ante los comunicados militares.

Solo la Armada Nacional, al mando del Vicealmirante Juan José Zorrilla, resistió inicialmente en defensa de la Constitución, pero terminó siendo abandonada por el resto del sistema.

El resultado fue el Pacto de Boiso Lanza, donde Bordaberry entregó la tutela del país a los militares a cambio de mantener el sillón presidencial.

La dictadura ya se había consumado en los hechos cuatro meses antes de junio de 1973.

4- De la complicidad civil al “Autogolpe”.

Finalmente, la frase “el golpe de Estado quebró la democracia” utiliza una voz pasiva que diluye las responsabilidades individuales.

Defender la memoria no es repetir consignas vacías ni construir un relato políticamente correcto que victimice selectivamente a los actores del pasado. Cuidar la democracia hoy exige la honestidad intelectual de reconocer que en 1973 las instituciones cayeron porque el sistema político fracasó, porque la vía armada intentó pasarle por encima a los votos, y porque sectores clave de la sociedad y de la izquierda prefirieron coquetear con los militares antes que defender la pureza de la Constitución. Sin esa verdad, el “Nunca más” es solo retórica.

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