Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|Entre triunfalismos y autocríticas.
Recuerdo las últimas elecciones, con un gobierno del FA que sentía que dominaba el escenario político, con una mayoría importante frente a los demás partidos políticos, se presentaban como salvadores de los humildes y prometiendo lo que en 15 años de gobierno no hicieron.
En esa soberbia del triunfalismo fueron sorprendidos por el campo, el mismo que ignoraron por mucho tiempo, concentrados en las ciudades como centros de militancia.
Fue Un Solo Uruguay el autor del golpe que trajo realidad a una visión partidaria que, faltando a la autocrítica y escondidos tras el falso triunfalismo, les significó perder las elecciones frente a una coalición que supo utilizar esa debilidad a su favor.
Hoy enfrentamos una nueva elección y en el triunfalismo del proceso electoral, donde gana el Partido Nacional, me recuerda aquello de que la confianza mató al gato.
Nadie quiere ver que el campo nuevamente está en posición de hacer la diferencia en el resultado electoral, cuando entre vivas y loas al gobierno, el atraso cambiario está perjudicando al campo, que ve caer su rentabilidad empobreciendo al sector, debilitando las exportaciones y generando fuertes críticas por un Estado devorador de impuestos, que sienten que está entregando el patrimonio nacional al bajo precio de la necesidad.
Cada día suena y resuena “estábamos mejor con el FA”; sentimiento que corre como reguero de pólvora entrando en las ciudades y no encontrando autocríticas en el gobierno; y su delfín, Álvaro Delgado, embelesado en un triunfalismo que su entorno se encarga de fortalecer, el mismo que rodea a Luis y lo apartó de la realidad.
No es oro todo lo que reluce, ya que siendo un excelente gobierno de emergencia, enfrentando una mala herencia del gobierno del FA, con pandemia y crisis globales, hoy ya no estamos en esas emergencias y sí con una buena base para encarar los cambios culturales, económicos, políticos y sociales que la grandeza de Uruguay se merece.
Hoy serán las políticas liberales las que puedan superar las necesidades y desafíos que nos presenta el futuro, frente al extremismo de comunistas y tupamaros.
El primer paso estará en las elecciones internas donde el voto útil dará y debe dar la mayor participación de liberales que traigan la cuota de realidad, frente al triunfalismo y la falta de autocrítica.
Muchos triunfalistas al leer esta carta se rasgarán las vestiduras y clamarán la excelencia de este gobierno; no faltando el dedo acusador que nos señale como agentes que perjudican el futuro triunfo del gobierno. A ellos les digo: sin una clara y sincera autocrítica, sin una visión liberal, nos estamos condenando a un gobierno totalitario de comunistas y tupamaros. Usemos el sentido común para entender esta realidad.
Hoy el debate debe basarse en qué Estado queremos, controlar el gasto, salir del atraso cambiario, no generar déficit fiscal, no seguir endeudando al futuro, bajar sensiblemente los impuestos mientras logramos el superávit que da espacio a mejores jubilaciones y, en base a un gobierno liberal, crear una sociedad más justa y solidaria.