Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@|La Metafísica lo anticipó.
Según Jacques Maritain, la ley científica extrae la propiedad o la exigencia de un cierto indivisible ontológico, es decir, su naturaleza o esencia. Es decir, la ciencia es el estudio de la naturaleza y sus leyes (e. g. la ley de gravedad) que luego aplica la tecnología (e. g. para construir aviones).
Por su parte, la Metafísica (cfr. Aristóteles) es el estudio de las leyes generales del cosmos, de cómo y por qué se desarrolla la naturaleza, del orden que impera y moviliza a las cosas naturales. Por tanto, es la madre de todas las otras ciencias particulares. Por caso, el principio de acción y reacción en Física (la tercera ley de Newton) es, en rigor, subproducto de la misma ley metafísica ya que rige para todo el cosmos, también en Química, en Psicología, etc.
Ahora, hay dos principios básicos en esta ciencia madre. Primero, el mal no existe. Segundo, la violencia siempre destruye.
El bien y el ser son convertibles (ens et bonum convertuntur) afirmaba Parménides de Elea. Y ya anunciaba que: “Se debe pensar y decir siempre que el ser es, porque es ser, mientras que el no ser no es”. Es el “principio de no contradicción” de la Lógica.
Siendo que el ser (el bien) es aquello que desarrolla el orden natural -para eso existe, para desarrollar la vida- el no ser, el mal, no existe es solo ausencia de bien. Doctrina clásica entre muchos autores, como Platón y Aristóteles y, particularmente, entre los católicos ya que lo contrario sería el maniqueísmo.
Visualicemos esto aplicado a la Física: el mal no existe como, por caso, el color negro no existe. El color -siendo el blanco el mayor- se compone de ondas luminosas, y el negro es la falta de ondas. Así, cuando “se ve” negro, en rigor, se está viendo nada.
La pregunta ética, entonces, es: ¿hay que hacer algo contra el mal? Pues, al igual que solucionamos la oscuridad, el único modo real y eficiente de combatir el mal es “creando” el bien. De aquí que “los problemas de la libertad se solucionan siempre con más libertad”, y quien diga que reprime para defender la libertad futura falsea gravemente a la verdad.
Por otro lado, dice Santo Tomás de Aquino que: “La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural, por cuanto es común a lo voluntario y a lo natural el que uno y otro vengan de un principio intrínseco, y lo violento emana de principio extrínseco” (S.Th., I-II, q. 6, a. 58).
Es decir que la violencia es extrínseca al ser y, por tanto, es el mal. Por esto es que la defensa propia, que incluye a la defensa de terceros y del bien común, se realiza eficientemente creando bien allí donde hay mal.
Precisamente la ventaja del mercado sobre las imposiciones coactivas (en uso de su monopolio de la violencia) estatales, es que son relaciones voluntarias en donde toda acción resulta del acuerdo entre las partes involucradas, para beneficio de todos. Por caso, cuando compra un automóvil lo hace porque le conviene, antes que el dinero que entrega al vendedor que lo prefiere antes que el auto que cede. Los conflictos surgen (y hasta llegar a las guerras) cuando, por la coacción estatal, una de las partes -el coaccionado- no estaba dispuesto a esa transacción.
Así las cosas, era obvio que las Bolsas subirían y el petróleo caería el pasado lunes 9/3, tras las declaraciones de Trump, que dijo que la guerra con Irán podría estar llegando a su fin y que estaba planeando suspender algunas sanciones petroleras. El precio del petróleo había alcanzado casi USD 120 por barril, el valor más alto desde mediados de 2022. Muy probablemente, al igual de lo que sucedió en Venezuela, se consentirá la continuación -consolidación, en rigor- del régimen diabólico de los Ayatollahs, aunque con algunas concesiones para simular ser más “razonables”.