Carlos Asecas | Montevideo
@|Disfrutamos de un hermoso país, pero tenemos que soportar diariamente a un personaje que algunos falsamente le atribuyen ser un referente de la cultura carnavalera, pero es solo un halago para dejarlo contento.
Sin duda que en el Teatro de Verano vemos un reflejo de su resentimiento contra el mundo, cuando en las letras de algunos grupos escuchamos expresiones antisemitas y otras que ponderan las perimidas ideas de izquierda. Gran parte de la población ha dejado de concurrir al Teatro de Verano, pues es lo mismo que ir a un comité de base. Se aceptan las críticas, pero éstas siempre apuntan hacia un solo lado. Nunca se escuchará una crítica a un gobierno del Frente Amplio. Obviamente durante 15 años recibieron generosos respaldos de empresas públicas que volcaban infinidad de dinero en esponsorear los distintos espectáculos en Uruguay y el exterior.
Este personaje estuvo en el panel de un conocido programa televisivo y siempre reflejó en sus afirmaciones su resentimiento contra todo aquello que no comulgue con su nefasta ideología zurda. Siempre utilizaba las mismas muletillas para rebatir afirmaciones contra las cuales no tenía argumentos.
Además, como su mundo ideal se refleja en Cuba, Venezuela y Nicaragua todavía no tiene asimilado cómo funciona la democracia, donde el respeto por el otro se debe mantener. El que piensa distinto para él es un enemigo, no un adversario.
Algunos que forman parte del Frente Amplio y otros que integran el PIT-CNT seguramente habrán aplaudido los disparates que este personaje publicó en las redes sociales; que puede cometer estos abusos porque vive en una democracia real y no en aquellas narco-dictaduras que él idolatra. En esos lugares hay miles de personas torturadas y detenidas por haber publicado comentarios mucho menos agresivos.
Su popularidad le permite llegar a ciertos extractos sociales y convencerlos de que apoyando a la izquierda van a mejorar su situación económica. Como decía Petro, López Obrador y Chávez: a los pobres hay que mantenerlos pobres pero con esperanza, porque si pasan a la clase media no nos vuelven a votar. Como esas promesas nunca se cumplen, siempre se puede culpar a EE.UU., tal como lo viene haciendo desde hace 66 años, la dictadura cubana.
Así actúa la izquierda en todo el mundo y a pesar de los desastres que han producido, hay todavía ingenuos que siguen confiando en sus mentiras y los apoyan en las urnas. Muchos de estos son jóvenes, que son adoctrinados en la enseñanza pública por algunos maestros que no cumplen con su tarea, como corresponde.