Carlos Asecas | Montevideo
@|Recientes fallos de algunos jueces en nuestro país están generando preocupación. Lo que más molesta es que son decisiones que permiten que peligrosos narcotraficantes evadan la justicia de forma sencilla. Cada detención de estos narcos conlleva una tarea de inteligencia y recursos muy ardua, de modo de obtener suficientes pruebas para su condena.
La primera fuga se dio en el caso de González Bica, donde la jueza María Helena Mainard le concedió prisión domiciliaria con tobillera electrónica. La fiscal se opuso a esa decisión, pero no tuvo éxito. La defensa presentó documentación, que después se supo que era falsa, donde se establecía que padecía un problema renal y el Penal de Libertad donde estaba, no era adecuado.
Uno se pregunta por qué la jueza aceptó esa documentación que no tenía firma, si durante el tiempo que estuvo en el Penal se le pudo hacer la diálisis, caso contrario habría fallecido. Tampoco pidió la historia clínica para evaluarla.
A posteriori nos enteramos que el conocido asesino del Ricardito, a esta misma jueza le había pedido ser trasladado del pabellón de máxima seguridad donde estaba, a un lugar donde pudiera practicar un oficio para su rehabilitación. Todos conocemos a este delincuente que dominaba desde la cárcel, celular mediante, todo el negocio. Eso, donde está ahora no lo puede hacer y por eso busca la excusa para volver a su negocio. Este personaje toda su vida estuvo en el negocio de la droga. Es imposible que se rehabilite, no es un primario.
La frutilla de la torta la tenemos con la fuga de Miguel Da Costa Porto, otro peligroso narco al cual la jueza Adriana Chamsarian, le dictó prisión domiciliara sin tobillera, ¡que casualidad!, por el mismo problema de salud que a González Bica. Ahora se sabe que hay tres más fugados. La Asociación de Magistrados se queja por los comentarios del Ministro Heber, pero actúan en forma corporativa, defendiendo a aquel que cometió un error, sin hacer autocrítica. Asuman los errores y actúen.
Este tipo de decisiones de algunos jueces, me recuerdan lo que sucede del otro lado del río, donde los jueces se preocupan más por los derechos de los delincuentes, que de las víctimas.
La Suprema Corte de Justicia tiene que investigar esto a fondo y no hay duda que deben llamar a responsabilidad a estos jueces. Con estos hechos la imagen de la justicia está en caída libre.