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La hermosa Atlántida

Alfredo Guillermo Bevacqua | Argentina
@|En los últimos días de la década del 80, compartimos con nuestros hijos pequeños la primera visita a Atlántida; hemos regresado a ese paraíso terrenal de increíble microclima acogedor hasta dos veces en un año, desde nuestra Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, en la que José Artigas pasó muchísimos días de su generosa vida, soñando la Patria Grande y en la que declaró un 28 de Junio de 1815, la Independencia de las Provincias Unidas del Sur en el Congreso de Oriente, que él convocara y presidiera.

Desde el 19 de enero, tuvimos la suerte que nuestros hijos y nuestra nieta nos acompañaran en estas vacaciones. Disfrutamos como siempre, recordando aquel tiempo de “gurises” y volvimos a repetir para los fotos, los lugares de juego y encanto.

Pero nos llamó mucho la atención la desprolijidad de la rambla, que en las playas – Mansa y Brava- no hayan incorporado cosas elementales que hoy se exhiben hasta en los balnearios mas modestos: por ejemplo senderos de tablas para evitar el “fuego” de la arena en el regreso, mayor cantidad de baños (y no dos como se han colocado y muy espaciados), los pastos crecidos, la pobreza lumínica de la rambla, la ausencia total de espectáculos que no sean los que ofrecen los restaurantes, no hay cine, no hay teatro, no hay exposiciones, y muchos caserones antiguos, abandonados y sucios, etc.

Nunca en 36 años vi tan descuidada a la entrañable Atlántida, sostenida sí por una gastronomía de espectacular nivel, aunque ya no esté aquel restaurante “Don Pedro”, pleno de calidez y exquisitos menúes. Todo lo que se pide y falta, es poco y posible.

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