Dr. Edison González Lapeyre | Montevideo
@|Observo con particular preocupación progresivo deterioro en lo que ha caracterizado a la convivencia de la sociedad uruguaya que se manifiesta en diversas áreas y algunas de ellas de carácter muy popular, como las canciones de algunas comparsas de nuestro tradicional Carnaval que agravian a próceres y a personalidades de nuestra historia; como en el debate político donde comienzan a hacerse frecuentes las expresiones injuriosas, la falta de tolerancia y de respeto a las ideas ajenas y, sobre todo, como nuestra juventud ha perdido muchos de los valores que nos enseñaban nuestros padres y maestros en el pasado.
En el análisis de este proceso de deterioro aprecio la incidencia de una serie de factores que lo determinan, entre ellos, la violencia que se proyecta en la televisión y en las redes sociales que estimulan la sensación de inseguridad, provocan el surgimiento de tensiones y son, también, por ende, causa del fortalecimiento de la agresividad y a ello se agrega el alcohol, las drogas, la descomposición familiar, la falta de control y de límites en la educación familiar y curiosamente el desarrollo de la tecnología que ha generado logros muy positivos pero también muy negativos al incentivar el consumismo en forma exagerada; a llevar a las personas a depender del celular y de Internet y asignarle a ese aparatito mucho más tiempo que el que le dedican a su familia, a sus amigos y a su formación cultural.
Se ha hecho un gran esfuerzo, en los últimos años, para mejorar la educación en nuestro país, que es el antídoto para los males a que estoy haciendo referencia, pero ello no ha sido suficiente frente a los obstáculos que debe superar. Por ello, hay que redoblar ese esfuerzo, apoyando a los docentes e instruyéndolos, en particular, en promover el respeto a los derechos humanos, a la tolerancia frente a las ideas ajenas, al valor de la democracia y amar a nuestro querido país, a su historia y a sus valores.
Eduardo J. Couture decía hace 70 años: “El pueblo se eleva instruyéndose y en la formación de los individuos para la vida, encuentra el rumbo de su perfeccionamiento. A la indagación constante de cosas mejores que la democracia demanda, sólo se llega educando al pueblo y preparándolo en todos los grados e instancias...”. (La Comarca y el Mundo, Montevideo 1953, p.19).
Nuestro país tiene magníficos docentes y especialistas en didáctica, por lo que espero que el nuevo gobierno, en el marco de la reforma vareliana y los principios laicos, por encima de todo tipo de ideologías, intereses partidarios y fanatismos los escuche y les otorgue el rol protagónico en el mejoramiento de la educación; que la actual coyuntura que vive el país reclama enérgicamente.
Para concluir, quisiera hacer un humilde aporte. En un libro publicado por la Sociedad Rodoniana (Lecturas Contemporáneas de José Enrique Rodó) se me honró, permitiéndome publicar un breve ensayo sobre la vigencia del pensamiento de Rodó y allí sostuve que, en ese enorme esfuerzo de educación para revertir este proceso de deterioro, debe estar presente el pensamiento de Rodó, en el que prevalecen los valores del espíritu, la cultura, la tolerancia, el respeto y, en general, todos los principios éticos que deben ser observados por una sociedad que pretenda alcanzar la felicidad y el bienestar común.