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Javier Barrios Amorín: una acción cívica ejemplar

Marcello Brienza | Montevideo
@|“Quiero para este pequeño Uruguay nuestro, el limpio título de país civilizado, civilizado en las formas de la convivencia y en la conducta de sus habitantes. Que se viva en paz y libertad, organizados por el Derecho pero que el amor y la solidaridad determinen la conducta de los hombres para que el débil no sea aplastado por el fuerte, para que el egoísmo no venza el desinterés, para que el instinto no triunfe sobre la razón. Que siga siendo el Uruguay estrella rutilante y señera entre la Patrias en peligro y las multitudes atoradas de otros países de América. Quiero para mi país ciudadanos que no vendan su conciencia, gobernantes que ejemplaricen con su conducta, jueces que mantengan, como hasta hoy, la honra de sus togas impolutas, militares que pongan su espada al servicio del Derecho”.

Dentro del amplio elenco de figuras ilustres y consulares de la historia política de nuestro país nos encontramos con el Dr. Javier Barrios Amorín.

En el día de hoy, 31 de mayo, se cumple un nuevo aniversario de su fallecimiento.

Javier, como le decían, sus correligionarios en su Rocha natal, fue un destacado hombre del Partido Nacional. Siendo muy joven se graduó como Abogado en la Universidad de la República. Poco tiempo después, fue electo como Representante Nacional por su departamento.

Entrada la década del 30 del siglo pasado, el respeto obtenido por su fecunda y límpida actividad política, le otorgó la responsabilidad de presidir la Corte Electoral.

Cuando se produce el golpe de Estado del 31 de marzo de 1933, renuncia al cargo y se coloca dentro de los que se oponen al gobierno de facto.

Al momento de producirse la división partidaria e ingresar la vieja colectividad fundada por el Brig. Gral. Manuel Oribe en la época de dos expresiones electorales, integra el Partido Nacional Independiente.

En 1942 el pueblo rochense lo lleva nuevamente a la Cámara Baja del Parlamento Nacional.

Su trayectoria y altas convicciones cívicas le hacen ganar un gran prestigio y respaldo político. En los cincuenta se desempeña en el Senado de la República.

En 1956, al cumplirse el centenario del nacimiento del gran caudillo y defensor de las libertades públicas y electorales, personalidades del Partido Nacional y del Nacionalismo Independiente, comienzan el proceso de reunificación. A partir de entonces, se integra a la Unión Blanca Democrática, sector integrado por Reconstrucción Blanca, el Movimiento Popular Nacionalista y los blancos Independientes.

En 1964, un grupo de correligionarios le expresan su deseo de realizarle un homenaje. Se opone, salvo que quieran reunirse para hablar de las cosas del Partido y la marcha del gobierno. Fue entonces que el día 8 de marzo, en el Teatro 25 de Mayo de la Ciudad de Rocha, se produce el encuentro, considerado como la fundación del Movimiento Nacional de Rocha.

Tiempo después pasa a la eternidad, dejando un fortísimo legado basado en su creencia, firme y sin vacilaciones, en los valores republicanos y democráticos.

Carlos Julio Pereyra, su principal discípulo, heredó su conducta y nos enseñó sobre su permanente proceder con una rectitud inquebrantable. Recuerdo que a los jóvenes nos inspiraba diciendo que su referente cívico y ético sostenía: “Cuando se lesiona el derecho de uno, se lesiona el derecho de todos”, que la democracia debe ser política, económica y social.

Por último, quiero destacar otro de sus pensamientos, llevado a la práctica sin claudicaciones: “En política se hace lo que se puede dentro de lo que se debe hacer, por eso he librado algunas batallas contra los privilegios estimando que deben ser proscritos y que es inmoral votar privilegios en provecho propio. Por eso, en fin, he estimado siempre que el ejemplo para el pueblo debe venir desde lo alto, deben darlo los gobernantes en primer término. Esto es lo que piensa la inmensa mayoría de los ciudadanos de nuestro país, a quienes con frecuencia extravían o desorientan los dirigentes o malos conductores, sin que por ello deje de ser verdad que son muchos más los hombres y mujeres rectamente inspirados que aquellos que sólo buscan beneficios personales”.

Seamos dignos herederos de esa enaltecedora tradición y celosos depositarios de sus profundas convicciones.

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