Lic. G. Camp | Montevideo
@|Los dichos propinados por la pareja octogenaria del Cerro siguen levantando polvareda.
Ahora todos salen a desmarcarse de sus dichos, empezando por el Presidente electo que, cual veleta, trata de acomodarse según quién le pregunte.
Siempre he sostenido que la justicia en este país siempre fue más laxa con unos y severa con otros. A la prueba está que militares presos hay un montón; con esto no quiero decir que la mayoría no lo merezca ni mucho menos, pero de la vereda de enfrente no se ha actuado con tal adustez.
El caso más notorio de esa parcialidad a la hora de impartir justicia fue con Amodio Pérez (nunca vi al sistema judicial con tanta premura a la hora de juzgar a alguien) y fue por “traidor” al MLN. ¿Más claro?, échale agua. Se ve que el romanticismo del movimiento subversivo ha calado hondo para muchos, a tal punto que basta acusar a alguien que haya usado uniforme en aquella época y con sólo un relato de dudosa legitimidad es suficiente para que marche preso.
Esto último es lo que dio a entender Topolansky (quien nunca pidió disculpas ni se arrepintió de sus actos); y Mujica refrendando lo dicho por ella (otro que se aferra a las instituciones cuando le conviene).
El tema es: ¿qué hacemos ahora? Porque quedó en evidencia que han usado a la justicia para revanchismo puro y duro en ciertos casos. Y el señor Mujica tiene que entender que no dar los nombres de las personas que él sabe que mintieron se llama encubrimiento o complicidad y debe ser citado a indagatoria. Pero como al “Pepe” se le permite todo, no va a pasar nada. Al intocable de la justicia terrenal ya le queda poco tiempo (según él), pero de la justicia divina no se salva nadie, ni siquiera “el Pepe”.