Goy Viera Silva | Montevideo
@|Goi con “i” latina es una expresión en idioma hebreo que adjetiva a quienes no profesan la religión judía. Goy, con “y” griega es mi nombre de pila. Hasta donde sé, mi nombre es de origen español y no tiene ninguna connotación con nada que se parezca a prejuicios raciales, discriminación o segregación étnica o el mal llamado antisemitismo. Aclaro esto porque mi familia y yo no somos ni fuimos antijudíos. Es más, supe tener más de una decena de buenos amigos judíos.
Dudé en escribir lo que sigue. No quiero ofender o lastimar ni a judíos ni a palestinos.
Para empezar diré primero que, tanto judíos como árabes son semitas, circunstancia la cual está mostrando que son étnicamente iguales, cosa que desvirtúa lo de “antisemitismo” en relación a la barbarie mutua que están llevando adelante y a la opinión respectiva de la gente. Y segundo, los judíos ya tenían un país – Palestina – que cohabitaban con sus iguales co-étnicos.
Vistos los acontecimientos actuales hay que hacer una salvedad: ni el gobierno ni el pueblo palestino tienen responsabilidad en los hechos acaecidos por acción de Hamás y otras entidades. Tampoco el pueblo israelita la tiene. Fue criminal e irracionalmente insano lo hecho contra civiles judíos a pesar de que históricamente los palestinos tengan razón en sus reclamaciones. No fue menos criminal la respuesta de Israel contra igualmente indefensos civiles palestinos. Ambos actos tienen explicación, pero ninguna justificación.
Explicar, en este caso significa establecer las causas de los hechos aunque, insisto, ninguna determinante puede justificar a uno u otro actor en lo sucedido.
El horroroso Holocausto antijudío de la 2ª. Guerra Mundial es el hito o punto de inflexión motivante de que una diferencia religiosa de 1945, se transformara en 2023 en un conflicto por la supervivencia.
El genocidio referido creó un doble síndrome: el trauma culposo de varios países, y el aumento del temor y preocupación bíblicos del pueblo judío. Pero ni esa explicación ni ninguna otra justifica que dichos países dispusieran por sí y ante sí coartar la soberanía de Palestina sobre su propio territorio. ¿Qué pasaría o que sentirían en cualquiera de esos países si alguno de los colectivos religiosos existentes en ellos pretendieran escindirse territorialmente y lo lograran, ONU mediante, usurpándoles un pedazo de país? Pero, ¡ alto ahí! Eso tampoco justifica un terrorismo horrorosamente igual al Holocausto y que además es poco o nada inteligente, ya que corren erróneamente el riesgo de que Israel y sus aliados los borren del mapa aún en el caso de que la guerra se extienda en la región.
¿Qué se puede hacer entonces?
El afán contemporizador de los actores directos e indirectos no deberá inclinar la balanza hacia ningún lado. La deben nivelar. Sabemos que Palestina posee la razón primigenia pero Israel se ha convertido en algo prácticamente irreversible por razones logísticas y el nivel de beligerancia. Hacen falta pragmatismo desde el lado palestino y honestidad y respeto desde Israel restituyendo bienes y derechos requisados que excedieron el alcance del latrocinio primigenio ineluctable que propició un grupo de países, “emocionalmente” afectados por las atrocidades nazis y la presión de colectividades judías en todo el mundo.
La nivelación definitiva de la balanza -ya que en forma lamentable el país árabe nunca volverá a ser territorialmente el mismo de hace 80 años lo cual es muy doloroso- sería compensar el latrocinio primigenio con una transformación de Palestina en algo social y económicamente similar a Emiratos Árabes Unidos, extremo éste cuyo costo debería ser asumido por los países responsables “primigenios”, el resto del mundo árabe, y el propio Israel en un gesto humanitario de grandeza y acercamiento a un país que, hasta el momento actual, ha tenido un destino muy triste y cruento.
Por último, tiro “un gato encima de la mesa”: Israel debería abandonar la aplicación de la fórmula del “Espacio Vital”. Se parece demasiado a la tétrica ideología de ya sabemos quién. De persistir en ello, a la corta o a la larga, habría perjuicios para toda la Humanidad.
Mi sensación es que mis palabras pueden haber lesionado inopinadamente muy caras reivindicaciones de ambos bandos, pero imparcialmente digo que las utopías son prácticamente irrealizables. Las concesiones mutuas, sí funcionan.