Néstor Lioret | Montevideo
@|Por razones de trabajo he tenido la oportunidad de viajar a distintos lugares. Entre las cosas que me han llamado la atención, aparte de usos y costumbres, gastronomía incluida, está la cantidad de motos en la calle en las ciudades del Sudeste asiático, no sólo de los llamados “Tigres”, sino hasta China (en Shenzhen son eléctricas, no hacen ruido y por suerte esquivan a los despistados). No pasaría de ser una anécdota sino lo relacionara, por casualidad y lectura mediante, con el surgimiento de una extendida clase media.
En Uruguay observamos el mismo fenómeno; muchas motos, sumado a gente que pide delivery de comida, shoppings concurridos y un aire a primavera o a cambio de época. Permítame la licencia de presumir que nuestra clase media va camino a tener la pujanza y el peso que tuvo en otro tiempo. Esta clase media no está para vientos refundacionales, ni para arrancar las raíces de los árboles, ni para crear al hombre nuevo, ni para un Mayo francés.
Aparte, todo el mundo tiene un vecino o un compañero de trabajo o un conocido que huyó del naufragio de los paraísos y le puede contar de primera mano dónde conducen las utopías trasnochadas.
En la clase media queremos cambiar la bici por la moto y la moto por el auto, que nuestros hijos estudien y nos superen, un asado los domingos y ver en el estadio el cuadro de nuestros amores.
Así que me atrevo a concluir que el próximo Presidente de la República pertenece a la Coalición, hoy en el gobierno.
No estamos para experimentos.