Jorge Leone | Montevideo
@|Antes de aprender a leer, mi madre me leía cuentos o fábulas y su relato favorito era “El pastor mentiroso”; seguramente para crear en mí el valor que tiene decir la verdad y evitar las malas consecuencias que siempre traen aparejadas las mentiras.
Años más tarde escribí: El pastor ya no miente. ¿Habrá aprendido? No, ya no miente porque ya no puede mentir, porque ya no tiene que mentir… porque ya no tiene ovejas, todas se las comió el lobo.
Caló hondo en mí este concepto y se transformó en una invariable norma de conducta, decir la verdad me brindó grandes satisfacciones y no tengo duda, que en algunos casos, me ha evitado mayores dificultades que las que me originó el decir la verdad.
También fui formado en que no es válido ampararse en que “el fin justifica los medios”, porque los medios deben ser tan éticos como los fines.
El año pasado asistimos a una campaña política basada en mentiras por parte de quienes querían derogar parte de la LUC (Ley de Urgente Consideración), por ser contraria a sus intereses antidemocráticos.
Cuando la misma entró en vigencia, una a una fueron quedando en evidencia todas esas mentiras que, lamentablemente, creyeron de buena fe muchos de sus seguidores.
¡El lobo, el lobo! Se dijo una y otra vez ante los diferentes temas de la LUC y quedó demostrado una y otra vez que el lobo nunca apareció.
Por lo tanto el pastor mintió siempre. ¿Qué confianza podemos tener ahora?; cuando nos dice nuevamente: ¡el lobo, el lobo! al aprobarse la reforma previsional, realizada por expertos y políticos cuyo único objetivo es atender ese tema tan necesario y urgente, pensando en lo mejor para sus destinatarios.
El mentiroso debe hacer muchos méritos para que se vuelva a creer en él y es evidente que este pastor no tiene aún credenciales para que se le crea.