Jorge A. Crosa | Montevideo
@|Si el amable lector piensa que se trata de la última novela de J.R.R Tolkien podría andar bien rumbeado, pero no… Se trata sí, de una novela, de desarrollo cambiante y final incierto.
Allí, una criatura, lucha entre sus dos mundos: una identidad que tuvo y una que pretende afirmarse a la fuerza, de “pesao”, digamos.
En algunos momentos, el fenómeno articula, piensa y siente como la mayoría de sus pueblerinos, los que concienzudamente llama con tono lírico y entrador “uruguayas, uruguayos”, pero a los que también, su otra parte, les impone, los obliga y les cercena algo muy valorado por todos… la libertad. Y últimamente – créame aplicado lector – estos pobladores del reino, tienen cada vez menos.
Tiempo atrás, el Bifronte, tenía el poder de dialogar, de consensuar, de generar “unidad en la diversidad”, pero claro... todo esto cuando era más joven y tenía esas sanas aspiraciones de superación. Esa parte del Bifronte, controlaba sin fuerza a la otra, sin necesidad de imponerse.
Tenía gran aceptación en el pueblo.
Pero claro, se fue poniendo viejo y la parte conflictiva del Bifronte, la del músculo, la de la fuerza, la de la imposición comenzó a dominar, a ganar no solo la batalla dialéctica sino la ideológica. La armonía ya no fue igual.
El “Bifronte muscular” no habla, no razona, no construye, se nutre del descontento, de la desinformación, del desgano y la mentira. Ahí crece.
Es peligroso para sus pares. Aplica una lógica revisionista y refundacional sobre varios preceptos sobre los que tiempo atrás se había convertido en una referencia de construcción positiva de Reino.
Da “manija”, te lleva de “pesao”, discute todo, muchas veces sin tener razón, desgastando y reduciendo casi a su mínima expresión, al “Bifronte cerebral”, también conocido como el “moderado”.
El “Bifronte muscular” usa a destajo, sus armas estrella: la confusión, el revisionismo y el miedo.
En su afán de dominio, pretende dar por tierra con varias de las construcciones realizadas a conciencia por el gobierno del Reino y apoyadas democráticamente, incluso por su parte cerebral.
Las puedo enumerar: apropiación de los ahorros genuinamente ganados por los pueblerinos, revisión regresiva de la transformación educativa, panfletera y demagógica rebaja de la edad jubilatoria, entre otras.
El Bifronte cerebral, cansado… ya no puede. El Bifronte muscular lo fagocita día a día, lo reduce, lo minimiza, lo va aniquilando.
Pero esta novela - mi amigo lector – puede tener un final mejor, siempre y cuando Usted… tome conciencia y fundamentalmente... posición.
El Bifronte dice no temer a nada, pero… se equivoca.
Existen algunos lanceros en el pueblo que piensan hacerle frente. Los hay de todo tipo, pero la realidad dice que existe solo uno con la fuerza y convicción para la tarea.
Le llaman el “lancero colorado”; él va y va, tiene gran ascendencia en el pueblo y por eso el Bifronte le teme.
Sin drama alguno se le para “de frente y mano”, de igual a igual, combatiéndolo con las armas que siempre le dolieron: el argumento, la memoria y la propuesta.
Es cierto sí, en el Reino aún quedan varios cultores del viejo Bifronte cerebral, pero cada vez más se dan cuenta que éste ya no tiene el empuje, la fuerza y los argumentos de tiempo atrás. Se cuestionan seriamente si no es tiempo de dar un giro en el rumbo, apoyando a que el “lancero colorado” de una vez y para siempre ponga fin a la criatura.
Por aquello de que el mal hay que extirparlo de raíz, ¿vio?
Querido lector, a esta novela le puedo poner el final feliz que usted quiera leer. Pero en realidad no depende del cronista, depende de Usted.
El domingo 30 de junio, está en Usted escribir un interesante capítulo.
De hecho, puede ser el final de la historia o el comienzo de una. Usted decide.