José Luis Aguiar Cuello | Canelones
@|A propósito de la reciente nota sobre la incidencia del dólar en el turismo, llama la atención el enfoque planteado por el Ministro Pablo Menoni, quien admite la inquietud del sector pero la coloca en un marco que tiende a diluir su gravedad. Al respecto, sostiene que “la baja del dólar es un fenómeno mundial” y que “no podemos quedarnos con el árbol, tenemos que mirar el bosque”.
El problema es que, más allá de las explicaciones de contexto, las consecuencias se verifican puertas adentro. Empresas que facturan en moneda extranjera y afrontan sus gastos en pesos ven reducirse de forma sostenida sus márgenes, tal como lo advierten las propias cámaras empresariales. Esa pérdida de rentabilidad no es una abstracción: condiciona decisiones de inversión, mantenimiento y contratación.
Desde esa perspectiva, resulta discutible que el debate se concentre en comparaciones regionales o en variables agregadas, cuando el impacto real se manifiesta en la operativa cotidiana de un sector clave para la economía. Las señales recientes del mercado cambiario, calificadas como “alentador” por el Ministro, difícilmente alcancen para revertir una tendencia que lleva tiempo acumulándose.
Ampliar la mirada es necesario, pero no debería servir para restar urgencia a un problema concreto. Si el turismo es efectivamente estratégico, como se afirma desde el discurso oficial, la respuesta debería ir más allá del diagnóstico y traducirse en medidas de mayor alcance.