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¿Cuántas veces más...?

Goy Viera Silva | Montevideo
@|Es una real letanía extendida a lo largo de la historia, la formulación repetitiva de los mismos discursos anuales de la Asociación Rural y la Federación Rural en sus Exposiciones y Congresos respectivos, y las alocuciones u oratorias periódicas del Poder Ejecutivo de turno que, además de ser antagónicas frente a las gremiales mencionadas sumadas a Cámaras de Comercio, Industrias, etc. parecen representar un diálogo de sordos perenne.

No hay sordera. Hay embrutecimiento mutuo. Igual que en Argentina pero al revés. Allá La Casta son los “políticos”. Acá La Casta son los tecnócratas. Si allá Milei toma la posta tendrá el mismo respaldo foráneo que nuestros tecnócratas, pero no podrá hacer todo lo que dice sin violar la Institucionalidad y no creemos que le falte apoyo para eso. Es obvio que ya posee la “fuerza” a utilizar. Pobres argentinos. Igual que acá, les hicieron el “cuento del tío” de la inflación. Milei acierta con la dolarización pero le “erra” prescindiendo de la moneda nacional “eliminando” la inflación, lo cual es “entregar” el país. El peso debe existir siempre por más devaluado que esté, entre otras cosas porque es el principal documento de garantía del Estado.

¿Eliminar el Banco Central? Sí. Pero incluyendo al resto de la banca y creando un Único gran Banco Nacional con poder emisor.

Podemos hacerlo en Uruguay. La banca privada (toda extranjera) salió mediáticamente a “boquillear” sobre el 1.60%, porcentaje del cual se quejan que es el exiguo resultado económico del negocio banquero. Ante tal coyuntura deberíamos intentar una estatización bancaria Brou mediante, de un negocio que según ellos es pobre pero que para la población es oneroso. Para empezar, la posición en moneda extranjera de todo el país ingresaría a la Caja del Brou y éste tendría poder emisor como antes. Y sin lesiones institucionales.

Pero, estamos embrutecidos: ¿cuántas veces más aplicaremos la misma letanía obsecuente consiguiendo el mismo resultado negativo?

Porque más acá o más allá estamos usando la misma receta, década tras década, determinando siempre los mismos conflictos, todos ellos con común denominador: luchar contra la inflación.

¿Quién, cómo y cuándo acuñó la expresión “impuesto inflacionario”?

Volvemos a hacer la pregunta que formuláramos más de una vez desde esta página: aparte de una mayor circulación fiduciaria, ¿qué perjuicio tendría una inflación con salarios reajustables? ¿Queremos seguir encogiendo la producción, la industria, el comercio y la exportación? ¿Para quién gobernamos? ¿Cuánto más tendremos que oír sobre la reforma del Estado, el novillo tipo, las posiciones dominantes, el problema carcelario, el Hospital de Clínicas, el narcotráfico, la reforma de la Enseñanza, los vicios de la Fiscalía, los errores, omisiones y vicios de los jueces? Y sobre esto último, para ir tomando una perspectiva apenas fraccionaria recomendamos la lectura del editorial de El País con fecha 26/9/23 “Cordón, saña y justicia”.

Pocas veces he leído asertos tan claros, oportunos e inobjetables.

Y extendiendo la susodicha interrogante sin banderías partidarias hacia nuestros “políticos” que, a pesar de presumir de Casta no son más que peones del Sistema Financiero Internacional el cual tiene ejecutoriado su gran falso silogismo a través de la tecnocracia vernácula: ¿cuántas veces más… “hasta cuándo Catilina” seguirán “preocupándose” empáticamente por todo pero no haciendo nada, sólo provocando un ir y venir electoral con logros que son menores comparados con lo que se debería construir?

Nuestro statu quo no es más que una Gran Bohemia en la cual hacemos la plancha en un contexto de pobre y flaco caldo de votos no calificados y una gran pereza que aumenta la dependencia a pesar de la constitución nacional. Eso sí, la proactividad es aplicada única y enfáticamente en pelear por los votos “haciendo cintura” o “lo correctamente político”.

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