Roberto Alfonso Azcona| Montevideo
@|A esta altura del partido, los que piden no votar, votar en blanco o anular el voto no son inocentes ni neutrales: son cómplices. Cómplices serviles de la maquinaria totalitaria del Frente Amplio. ¿O acaso creen que la militancia frenteamplista deja de votar? ¿Creen que un militante del MPP, adoctrinado desde la cuna, va a quedarse en casa el día de las elecciones? No. Van aunque llueva fuego del cielo, aunque los arrastren en silla de ruedas, aunque no les quede más que el reflejo de un tic nervioso. Ellos votan.
Entonces, ¿a quién perjudica la abstención? A la gente que quiere cambiar el rumbo. A los que todavía soñamos con una patria libre, sin el yugo de un Estado que te mete la mano en el bolsillo y el discurso en la cabeza. La abstención es el voto útil del Frente Amplio. Es el silencio que ellos convierten en mayoría.
Hay quienes se disfrazan de “puros”, de “desencantados”, de “críticos del sistema”, pero a la hora de la verdad terminan facilitando que el socialismo se eternice en el poder. ¿De qué lado están? ¿Del lado de los que quieren más impuestos, más control, más relato y menos libertad? Porque el que no actúa, el que no toma partido, termina siendo parte del problema. En política, la omisión también mata.
No nos engañemos: votar es un acto de responsabilidad. A veces se vota con entusiasmo, otras veces con resignación. Pero siempre con conciencia. Se vota lo menos malo si no hay opción perfecta, porque lo peor —el totalitarismo de izquierda— ya lo conocemos. Y no queremos volver ahí.
A los traidores silenciosos, a los que predican la apatía y la rendición, les decimos: ustedes no son neutrales. Son soldados sin uniforme del Frente Amplio. Y si no están dispuestos a luchar con el arma pacífica del voto, al menos tengan la decencia de no seguir cavando la fosa de nuestra democracia.