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Carta abierta al Pr. Hugo Armand Pilón


@| El pasado 18 de octubre del corriente año, la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay (FIEU), federación que nuclea a las iglesias evangélicas de corte ecuménico, emitió un comunicado desmarcándose de los legisladores y dirigentes políticos que se presentan como miembros de cultos evangélicos, lamentándose de que en forma indistinta, se difunden por la prensa y las redes términos tales como “cristianos”, “iglesia”, “evangélicos”, sin especificar nombres ni denominaciones o características y diferencias que dentro del amplio espectro que cada palabra comprende, suelen ser muchas y frecuentemente muy contrastante. 

No parece lógico es que éstas pretendan arrogarse para sí mismas la exclusividad del término “evangélico”, “cristiano”, o “iglesia”. Los evangélicos que no somos ecuménicos, también somos cristianos, evangélicos y nos congregamos en iglesias. No podemos pretender que por discrepancias, de la índole que sea, resulte aceptable exigir a los otros el cese del uso de alguno de estos términos. Mal que le pese a la FIEU, los pentecostales y los bautistas también somos evangélicos. 

No solamente no es lógica, ni fraterna, sino que tampoco es recíproca la actitud de la FIEU. Las iglesias de la FIEU han tenido posturas poco menos que escandalosas acerca de temas de actualidad, como ser la agenda de derechos para el colectivo LGTB o la despenalización del aborto, y no se ha visto ninguna iglesia evangélica no ecuménica u organización que las aglutine, saliendo a desmarcarse de los ecuménicos o exigiéndoles que no usen tal o cual término. 

La Iglesia Evangélica Metodista ha cedido sus altares para que un “coro de hombres gay” cantaran villancicos de navidad. Tal acto sería considerado como de casi profanación por parte de los evangélicos no ecuménicos (y digo casi para dejar abierto un mínimo margen de discusión). Sin embargo, no se ha visto, reitero, ninguna iglesia fundamentalista u organización que las aglutine, exigiéndole a la Iglesia Metodista que deje de llamarse a sí misma “evangélica”. 

Es muy respetable, aunque quizás no tan compartible, la postura de las iglesias de la FIEU en cuanto a la participación ciudadana en política y en cuanto a los temas polémicos que se citaron ut supra. Pero eso no les da derecho a los ecuménicos a decirle a los fundamentalistas cómo deben proceder o pensar. Personalmente, le recomendaría al Pr. Armand Pilón, a las iglesias de la FIEU y a sus miembros que reflexionen profundamente en lo que Pablo le escribe a los tesalonicenses en la primera epístola qué les escribió, cuando dijo: “procuren vivir tranquilos y ocupados en sus propios asuntos” (cap. 4, vs. 11). 

El comunicado de la FIEU termina diciendo “no todos los que me dicen: “Señor, Señor”, entrarán en el reino de los cielos, sino solamente los que hacen la voluntad de mi Padre celestial”. ¿Le parece a la FIEU que la voluntad del Padre es que una agrupación de hombres que en sus fueros íntimos practican la sexualidad de una manera que las Sagradas Escrituras indican que es pecaminosa y pervertida, se suban a los altares desde donde se supone que se le rinde culto a Él para cantar villancicos navideños? Pues bien, ahí tienen un asunto bien propio de ustedes en el cuál ocuparse y dejar a los demás evangélicos (que lo son, aunque no les guste) que se ocupen de los suyos.

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