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¡Basta de gastar!

Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|¿Qué pasa en una casa de familia si se gasta más de lo que se gana todos los meses? Se usa la tarjeta de crédito que tanto les ofrece la financiera, que les da descuentos por gastar, que les aumenta el crédito por buen pagador, que les da plazos con el precio de contado.

¿Qué pasa con esa familia que gasta más de lo que gana y ve crecer todos los meses la cuenta de la tarjeta de crédito y no puede pagar? Pide un préstamo para poder pagarla y sigue gastando más de lo que gana, hasta que cae en la trampa de que las cuentas, la tarjeta y el préstamo son imposibles de pagar y no tiene de dónde sacar dinero.

Con el Estado pasa igual. Gasta más de sus ingresos, recurre al endeudamiento que las financieras internacionales le ofrecen con el mismo marketing que a la familia, alabanzas para el Ministro de Economía, un futuro cargo internacional y préstamos preferenciales. Cuando el Estado no puede pagar sus gastos, incluso cuando le encanta seguir ofreciendo más servicios y derechos que no son gratis, recurre a aumentar sus ingresos, a poner o aumentar los impuestos.

En la casa de familia no pueden hacer eso, terminan en la indigencia, desintegrada la familia, ven en el delito, la prostitución y principalmente en el narcotráfico la solución.

Seguramente Ud. conoce la economía de su casa y entiende lo que pasa cuando se descontrolan los ingresos y gastos.

Con el Estado la macroeconomía no escapa a las mismas reglas que regulan a una casa de familia. La diferencia es que en su casa no puede cobrar impuestos a donde trabaja y Ud. sufre las consecuencias junto con su familia. En el Estado quienes toman la decisión del mayor gasto no sufren las consecuencias, es más, terminan con algún cargo en un organismo internacional y seguramente en ese mayor gasto obtienen algún privilegio o beneficio personal.

Mientras en la Coalición se escuchan voces de continuidad, el Fapit quiere llevarnos al precipicio del descontrol absoluto del gasto; ni uno ni otro.

Basta de cuentos, de gastos sin control, de cobrar más y más impuestos, de jugar con atrasos cambiarios para esconder la agonía de la producción nacional en el templo de los importadores, de regalar nuestro patrimonio al bajo precio de la necesidad.

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