Dr. Alberto Brause Berreta
@|Bajo el título “Penillanura eterna” su autor Francisco Faig en El País del domingo 1/12/24 ingresa en temas relacionados con el Frente Amplio y su reciente victoria en la segunda vuelta del pasado 24 de noviembre. Entre otras afirmaciones señala que el FA es hoy representante de la descripción que Real de Azua daba del Uruguay del Siglo XX en 1973: una sociedad amortiguadora, urbana, de mediana entidad numérica, de mediano ingreso, de mediano nivel de logros, de medianas aspiraciones aunque a la vez sobrabundante de las compensaciones simbólicas que idealizaron su estatus, su pais, el sistema. Concluye que el pueblo eligió a Orsi, el Berreta del Siglo XXI para mayor gloria de esa penillanura eterna.
Allá el autor con su opinión sobre Orsi y el concepto del País como penillanura eterna. No es a estas afirmaciones que intenta responder esta entrega sino a rescatar a la figura del ex Presidente de la República Don Tomás Berreta. Fiel discípulo de José Batlle y Ordoñez, se distinguió en su vida política como un gran estadista y demócrata.
A la hora de ocupar cargos públicos en Canelones como nacionales en tanto Ministro de Obras Publicas se distinguió por modernizar el País a través de caminos, puentes, hospitales, escuelas y liceos.
Siendo candidato a la Presidencia de la República ofreció a la opinión pública un “Manifiesto de Don Tomás al Pais” (un verdadero programa de Gobierno) que apuntaba a un desarrollo integral del Uruguay contrario a la denominada penillanura eterna. El diario La Nación de Buenos Aires lo definió al Manifiesto como un programa liberal y progresista (La Nación de 25/11/46).
No confundamos pues hechos pasados con un presente lejano y extraño a la verdad histórica.
Lamentablemente la muerte de Don Tomás Berreta el 2 de agosto de 1947 apenas cinco meses después de haber asumido la Presidencia impidió llevar a la práctica la modernización del País que simbolizaba su proyectado Manifiesto.
Como nota al pie, téngase presente que Don Tomás fue además un indudable amigo de los Estados Unidos y ferviente creyente en la causa Aliada durante la Segunda Guerra. A tal punto que antes de asumir la Presidencia fue invitado por el Presidente Harry Truman a reunirse en la Casa Blanca. Posición que sin duda alguna contrasta con la sostenida por el régimen entonces vigente allende el Plata y sus amanuenses locales.