Voluntad y voluntarismo

JUAN ORIBE STEMMER

El Presidente de la República pide analizar los últimos acontecimientos en el Mercosur sin pasiones ni prejuicios. Tiene razón. Pero sería bueno que él y su gobierno den el ejemplo y apliquen tan sabio consejo en la práctica. Porque, mientras que por un lado, con toda sensatez, Mujica advierte que salir del Tratado de Asunción tendría un costo muy alto para nuestro país, por el otro ha declarado que, para el Uruguay, "el Mercosur es hasta que la muerte nos separe" (lo que recuerda aquel slogan de "más y mejor Mercosur"). Decir que salirse del acuerdo regional sería costoso no es lo mismo que clavar la bandera al mástil del Tratado de Asunción, como parece insinuarlo la idea de defenderlo "a muerte" (¿la muerte de quién?), en cualquier circunstancia y a cualquier precio.

Más allá de las naturales simpatías y afinidades, tan valiosas, los Estados no tienen aliados eternos ni enemigos perpetuos, solamente sus intereses son eternos y perpetuos, y su deber es seguir esos intereses. Entonces, siguiendo con la metáfora presidencial (poco apropiada para las relaciones entre los Estados), en el contrato nupcial del Mercosur existe una cláusula implícita que advierte: nos mantendremos en el acuerdo mientras permanezcan las condiciones iniciales y convenga a nuestros intereses. Y si, por alguna circunstancia, se produce una nueva situación que ponga en peligro intereses sustanciales nuestros, haremos lo necesario para protegerlos, con libertad y sin ofender a nadie (lo que no supone, necesariamente, dejar el Mercosur, existen otras opciones).

El Tratado de Asunción fue concebido como un instrumento de integración económica y nada más. Sin embargo, con más voluntarismo que sensatez, nuestro país ha apoyado la idea de ampliar su alcance, tanto en cuanto a su misión, como a su cobertura geográfica.

Así, nos embarcamos en el proyecto del Parlamento del Mercosur, en contra de nuestros intereses como Estado soberano. Los acontecimientos de estas semanas demuestran que, en el mejor de los casos, el Parlasur es completamente intrascendente para resolver los problemas importantes y que, en el peor de los casos, puede convertirse en un verdadero peligro para nuestro país.

Es difícil comprender la insistencia del gobierno uruguayo en injertar países como Venezuela y Ecuador en un acuerdo que tiene una sólida base geográfica (está vertebrado por el sistema de los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay) e histórica.

Todo esto hace aconsejable distinguir entre voluntad y voluntarismo.

La voluntad es una de las cualidades instrumentales más valiosas. Montaner la define como la facultad "del alma con la que quiere o elige unas cosas y rechaza otras, y gobierna los actos del ser animado por ella", como la "capacidad mayor o menor de dirigir uno sus propias acciones con independencia de influencias extrañas". Sin embargo, cuando se la lleva a un extremo, la voluntad se convierte en voluntarismo. Esta última es la actitud que funda sus previsiones más en el deseo de que se cumplan que en las posibilidades reales de que así suceda. Lamentablemente, la realidad tiene su propia lógica y, si deseamos mejorarla, lo primero que debemos hacer es estudiarla, comprenderla, y, llegado el caso, resignarnos a aceptarla y emprender otro camino.

El problema es que el gobierno, a veces, no parece saber distinguir entre voluntad y voluntarismo.

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