El espejismo fiscal pegó mal. Dolió. A la Ministra Azucena Arbeleche se le podía criticar por excesivo celo. Se le podía acusar de macheta. De preguntar y cuestionar mil veces antes de autorizar un gasto. De obligar a la magia del administrador de los recursos públicos. De quedarse corta en una ayuda y también en un estímulo. Pero hay que reconocerle responsabilidad y capacidad. Tiene ganado el monumento al mérito de haber sacado al país del riesgo mayor, sin que muchos se hubieran dado cuenta siquiera de que todo estaba en peligro. Sus trabajos, sus comercios y también sus vidas. Fue una leona defendiendo a cada uruguayo. Con actitud de hacer bien. No de quedar bien. El empleo no se perdió, y creció. El salario real creció. La formalidad creció. No faltó una cama, ni un respirador, ni una ambulancia. Tuvo el temple para mantener la calma en la tormenta. Puso su físico flaquito delante de cada temporal, y los paró. Merece admiración y cariño. Como minímo, respeto.
Comentario acusador fuera de lugar. El Gobierno anterior pagó lo que debía pagar, y no pagó lo que no correspondía. El adelanto de una empresa púbica no cambia el déficit. En todo caso afecta el primario. Es baja en un lado y entrada en otro dentro de las cuentas públicas.
Los 144 millones del Ferrocarril Central no se pagaron porque no correspondía pagar. Hubiera correspondido si la obra hubiera estado disponible. No estaba. 102 hitos la separaban de la condición de “disponible”. Si la empresa se atrasó, no correspondía pagar. Sorprendió la celeridad del acuerdo. Fue inmediato. Como si jugaran de memoria. Como si estuvieran acordados desde antes. Pero se pagó lo que no se debió pagar.
El juicio de Pluna no se pagó porque no había fallo de la Justicia. Nunca se vió pagar un juicio antes de la sentencia. Antes de conocer sanción y monto, imposible pagar. Además se trata de Pluna. Tan luego de Pluna. Les recomiendo ni despertar ese oscuro recuerdo nacional.
La Caja Profesional no se arregló antes porque la fuerza política se opuso a hacerlo. Después presentó la misma solución de Azucena, pero desmejorada. Los egresos comprometidos por inversiones que dejó el Gobierno anterior están muy por debajo del gasto comprometido recibido.
Azucena no provocó ningún espejismo. Fue un espejo donde mirarse.
Reiteraron el error. Meten la pata hasta el cuadril y la temeridad es de los otros. El Dialogo Social inventado por el gobierno fue el que puso sobre la mesa el tema de las AFAP. Fue allí que se habló de quitarles las cuentas individuales. De quitar a la gente la libertad de elección de AFAP. No fue la oposición. Fueron ellos. Es peor aún. El Ministro fue a reunirse con los del Diálogo Social. Le prestó oídos a la propuesta. Después fue a conversar con las AFAP. Supongo que a tomar un mate no fue. Fue a convencerlos del abandono de las cuentas individuales, y su nuevo rol como gestores de colocaciones, o fue a pedirles que resistan. A algo fue. Ese diálogo siembra dudas. La propuesta fue dañina y la respuesta fue peor. No hay derecho a sembrar inestabilidad. Menos derecho hay a acusar a los demás de los errores propios. Hay que mirarse en el espejo.
El que da la cara debe saber que da la cara al País entero. Que no se trata de los grupos políticos, y de los grupos políticos disfrazados de sociales. Que no importa si al Partido Comunista no le gustan las AFAP. La cosa es con los trabajadores. Con los que hoy trabajan, y cuando las fuerzas se agoten necesitan su jubilación. La que se ganaron con su sudor y sus desvelos. La que el Estado no tiene derecho a poner en riesgo.
Casi que me animo a decir que la plata que está en la AFAP es la más segura que el trabajdor tiene. Es la que heredarán sus hijos si tiene la desgarcia de irse de este mundo. Es la única platita que quedó viva en la crisis del 2002. Quebraron los Bancos y marcharon con depósitos, cajas de ahorros, depósitos en el exterior. Se fueron los ahorros de vidas enteras de trabajo. Todo marchó. Lo único que no se perdió fue la plata que estaba en las AFAP. No la pudieron tocar. Era ajena.
No me quiero imaginar si esa plata hubiera estado en manos del Estado. No quedaba nada.
La política no puede jugar con esas cosas. Por eso la reacción. Por eso reaccionaron los mercados. Dejaban de interesar nuestros bonos. Salirse de ellos rapidito. También reaccionó el trabajo nacional. Aquí nadie es “agarrao a espejo”.
La gente tolera mucho. Hasta parece que nada le importara. Se deja dar manija. Los deja armar conflictos donde no se debe. Inventar leyes que no sirven para nada. Pero rifarse la jubilación jamás. Es demasiado tiempo. Es mucha la necesidad. Es poca la fuerza. Con eso no se juega.
La reiteración de acusaciones infundadas no puede tener al silencio como respuesta. Que se miren en el espejo. Que no es para decirle “espejito, espejito..”. Que sirve para verse a uno mismo. Que ayuda a prevenir el “fuego amigo” que tenemos en la propia espalda.