Uruguay acuático

El Uruguay es, en cierto sentido, una isla. La mayor parte de los límites son acuáticos. Incluyendo el Cuareim, el río Uruguay y el Río de la Plata. Su área terrestre es de 176.215 kilómetros cuadrados. El área de los espacios acuáticos e insulares sometidos a sus derechos de soberanía o jurisdicción asciende a 141.961 km2. Es decir que de la superficie total de 318.176 km2 que forman el territorio del Uruguay y su zona económica exclusiva, el 45 % corresponde a espacios acuáticos, el fondo de los mismos y su subsuelo. Además, es importante tener presente que de acuerdo a lo estipulado en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los países costeros pueden extender el límite exterior de su plataforma continental mar afuera de las 200 millas hasta una distancia máxima de 350 millas marinas.

Se encuentra ubicado en el umbral de la Cuenca del Plata. En el punto donde converge la mayor parte de la producción de la región y la oferta mundial de transporte marítimo. Esta circunstancia es una de las constantes de la historia económica y política de nuestro país, como todavía lo atestiguan la Colonia del Sacramento y muchos de los edificios de la Ciudad Vieja de Montevideo —incluyendo su antigua aduana y apostadero naval. En la actualidad varios puertos uruguayos reciben un importante volumen de cargas en tránsito, originadas en el resto de la Cuenca o proveniente de terceros países.

Si se observa la distribución geográfica de la población se comprueba que el 13,8% de los uruguayos habitan en los departamentos sobre el río Uruguay (sin incluir Colonia) y que el setenta por ciento reside en los seis departamentos sobre el Río de la Plata y la costa oceánica. En total el 83,4% de los uruguayos se encuentra geográficamente ubicado en el litoral oeste y sur. Esta característica seguramente se acentúa durante las vacaciones estivales cuando todos migramos, en masa, a la costa, ya sea sobre los ríos, la laguna Merín o el océano.

La importancia económica de las actividades vinculadas con los espacios acuáticos es inmensa. Incluye servicios como el transporte acuático y los puertos, la explotación de recursos no vivos (extracción de arena), la pesca y el turismo. Nuestro país depende de sus exportaciones de productos primarios, efectuadas en su casi totalidad por vía marítima y de sus importaciones de petróleo (descargadas en la boya de José Ignacio) y una amplia variedad de mercaderías. El acceso directo y sin trabas al mar es un elemento estratégico esencial para nuestro país.

Todos estos factores objetivos revelan la extensión de la dependencia de nuestro país del Río de la Plata y el océano. Sin embargo, debemos preguntarnos si existe una debida apreciación subjetiva de la importancia de ese dinámico conjunto de intereses marítimos y fluviales.

La reforma portuaria de 1992 y el dragado de los Canales de Martín García (acordado con la Argentina en 1991) son proyectos de importancia fundamental. También son alentadoras las inversiones privadas realizadas en la modernización de terminales portuarias existentes y en la construcción de nuevas.

Sin embargo, quedan asignaturas pendientes en áreas críticas. Todavía no parece haberse tomado conciencia de la importancia de profundizar los canales del río Uruguay, con el propósito de facilitar la navegación de buques de gran calado a Fray Bentos y Paysandú (esta obra sería un complemento del dragado de los Canales de Martín García). El deterioro de la costa es un ejemplo de derroche de un recurso escaso y valioso. Son preocupantes las dificultades con que, de tiempo en tiempo, tropieza la Armada Nacional para cumplir con sus cometidos esenciales.

A veces parecería que la naturaleza ha sido demasiado generosa con nosotros, y que ello nos lleva a despilfarrar o desaprovechar lo que, tan generosamente, nos entrega.

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