No siempre es bueno tener la razón, en ocasiones como la que nos ocupa da mucha bronca el hecho de no ser siquiera escuchado.
A tan solo un año de gobierno frenteamplista, algunas de las advertencias hechas hacia el poder ejecutivo, desde la constructiva posición adoptada por el Partido Nacional, tuvieron para desgracia de todos los uruguayos consecuencias instantáneas.
Aquello del cambio encegueció a los noveles gobernantes, la ilusión de concebir al "hombre nuevo", nacido de las cenizas del maldecido neoliberalismo, inspiró a quienes la soberbia del triunfo no les permitió medir los resultados de su patético accionar.
Es así que se planteó una nueva forma de actuar de la policía, ácidas críticas hacia un comando especial que quiso impedir la fuga de infantojuveniles, provenían desde integrantes del Consejo de Ministros. La ley de suelta de presos resultó ser el paradigma de esta nueva concepción de seguridad interna, y la policía en vez de tener más herramientas para el combate a la delincuencia, ahora no puede ni siquiera preguntarle a un individuo de aspecto sospechoso las razones de su merodeo.
Resultados de esta brillante gestión del ministro José Díaz, un veinte por ciento más de rapiñas en lo que va de la era progresista, acompañada de una sensación de inseguridad que no tiene precedentes en la historia nacional.
En materia internacional, también manifestamos a los cuatro vientos lo peligroso que resultaba el amiguismo ideológico que algunos quisieron imponer en la región, recalcamos hasta el hartazgo que la injerencia de gobiernos extranjeros en una elección presidencial no generaba garantías ni para los elegidos ni para los que debíamos controlar.
La moderna integración latinoamericana añorada por el Frente Amplio, que llegó hasta que el estado uruguayo financiara un canal de televisión satelital con sus amigos izquierdistas, se topó con la realidad de ser excluidos por Argentina y Brasil de las decisiones del Mercosur y que el otrora benefactor Kirchner sea el abanderado de la retranca en el tema de la celulosa.
También aconsejamos al gobierno en materia de derechos laborales, advertimos que no se genera empleo por inspiración divina, sino por estimular a quienes quieran arriesgar su capital en una aventura productiva. Los resultados son elocuentes, la rienda suelta a las ocupaciones promovidas por la defensa inusitada de este instrumento hecha por integrantes del Poder Ejecutivo, permitió tener una vez más la razón, al ver proliferar las ocupaciones de empresas a lo largo y ancho del territorio nacional, llegando incluso a situaciones de violencia como las ocurridas en las últimas horas.
Por obvias razones la tasa de desempleo está como está.
Se viene el segundo año de la izquierda en el poder, algunas voces dentro del gobierno comienzan a ver necesario un profundo replanteo de aquellas verdades absolutas que 300 días bastaron para borrarlas de un plumazo, otros persisten en su autismo, defendiendo la ley de fueros sindicales, imaginando un sistema de salud estatizado, otorgándoles los mejores negocios del estado al nuevo Papá Noel venezolano sin hacer una sola licitación pública, obligando a los ciudadanos a tener que pasarse al auto a nafta para que la refinería de la Teja y sus empleados sigan cobrando el sueldo, o limitando el acceso al resto del mundo, con la no enseñanza del idioma inglés en los liceos públicos.