Sobre cuestiones jurídicas y morales

CARLOS MAGGI

El título de El País, a ocho columnas, dice: "SI LES PARECE MAL, QUE CAMBIEN LA LEY".

Por Pablo Meléndrez.

Es un excelente reportaje a un buen juez que se nota harto de trabajar con normas inadecuadas en condiciones inadecuadas; y sin solución adecuada en lo que más importa.

No es bueno que los jueces ejerzan su alto cometido en estas condiciones. Pero es bueno que se sepa… para corregir de una buena vez el mamarracho social que ostenta el Uruguay lleno de cursilerías propias del siglo pasado; nada compatibles con los años 2000 y sus alevosías.

Copio fragmentos del reportaje:

- "Morales (53) es el juez de menores de Montevideo con más experiencia en el cargo; trabaja en la materia desde 1997. En su último turno, tuvo a su cargo el caso de una polémica rapiña cometida por dos jóvenes en un local de venta de celulares de Maroñas, a quienes procesó, con arresto domiciliario.

Los asaltantes, una chica de 16 años de edad y su hermano de 14, se llevaron cinco celulares y cerca de $ 10.000. Durante el robo, la joven amenazó a una mujer que se encontraba en el local colocándole un cuchillo en la garganta.

El juez de menores reclamó a los legisladores que en lugar de criticar fallos judiciales, reformen el Código de la Niñez y la Adolescencia para que los magistrados no estén "obligados" a descartar la internación de los menores infractores."

COMENTO: No hay ninguna norma que impida internar a los rapiñeros. Pero hay sí, sobradas razones para que un juez diga que, en conciencia, no puede internar.

- ¿Por qué decidió iniciar proceso a los dos adolescentes con arresto domiciliario siendo que la Fiscalía, solo había pedido la internación de la joven?

- Entendí que no había razón para discriminar y por eso le impuse a ambos el arresto domiciliario.

COMENTO: ¿La diferencia de edad no es una diferencia suficiente? El juez Morales no discrimina porque si lo hace se vería obligado a hacer lo que no quiere; internar sin tener lugar físico, ni organización alguna, apta para rehabilitar a un menor que a sangre fría puso un cuchillo en la garganta de quien rapiñaba. Hay un temple para delinquir, que bien pudiera aplicarse a algo más heroico.

-¿Cómo llegó a la conclusión de que los dos merecían la misma sanción?

- Entendí que en este caso, la internación, en vez de ser favorable para un proceso de asunción de responsabilidad, podría producir un afianzamiento de aspectos negativos en la joven.

COMENTO: Cuando Marina Arismendi recién nombrada ministro, intervino por primera vez en un asunto de menores delincuentes dijo:

- "Niños. ¡Mis niños"!, y corrió hacia ellos llena de ternura; y les pusieron (a ella y al senador Lorier que la acompañaba) sendos cuchillos con la punta tocando la yugular.

- Ahora, si eso se quiere cambiar -dijo el juez- hay que hablar con los legisladores. Pero mientras tanto, nosotros tenemos que acudir, en lo posible, a medidas que no impliquen la privación de libertad de los menores.

COMENTO: Es un modo de interpretar la ley que llena la ciudad de rapiñeros y asesinos que siguen rapiñando y matando a discreción. Pero es un modo para dejar en paz la conciencia del juez; y evita el ridículo de la internación turística de los menores en el INAU.

- Más allá de la explicación jurídica, el ciudadano de a pie seguramente no puede entender cómo una joven de 16 años que amenazó a una mujer poniéndole un cuchillo en la garganta, no sea internada para su rehabilitación - dice cándidamente, acertadamente, el reportero.

- Hay una tensión entre lo que el legislador plasmó y lo que la gente quiere. Si les parece que (lo que hice) está mal, que le den un criterio al juez para que no esté obligado, como lo está, a descartar la privación de libertad.

COMENTO: Esta es la segunda vez que el doctor Morales alude a una obligación que no existe. El juez no está obligado a no internar, pero sucede, es verdad, que no hay en el Uruguay ningún internado admisible.

-¿Se averigua la situación de los padres a la hora de entregarlos a sus responsables o disponer un arresto domiciliario?

COMENTO: El padre de la muchacha está preso y su madre tiene problemas con la droga. El juez, acorralado entre su conciencia y su malestar, dice:

-Puede influir -reconoce - pero de todas maneras es un elemento externo. No podemos responsabilizar más allá del delito que cometió la persona, y si alguien cumplió una pena por un delito anterior, ya pagó por sus actos y no podemos seguir castigándolo… (Habría que ver).

COMENTO: Si puso a la muchacha en la casa de un asesino, es peor que si la hubiera puesto en la casa de un estafador. En la rapiña lo que agrava el delito es la violencia. El juez dice que hay que ver, pero se desprende de sus palabras que no vio sobre los padres de la chiquilina rapiñera. Lo que intentó fue salvarla de un mal peor, que era dejarla en manos del INAU.

En seguida, el juez aclara:

- "Me parece que la solución no va por encerrar gente joven, porque con eso lo que se hace es dilatar la solución al problema para en unos años tener un problema tal vez aún mayor".

-¿Otra vez: Niños ¡Mis niños!? ¿Tendremos que usar cuello alto de hojalata para que los chiquilines no puedan pincharnos el pescuezo?

La situación del Uruguay me recuerda el cuento del manicomio de Lisboa, que he contado tantas veces, cuando se toca el tema de los infanto juveniles del siglo XXI, hijos de la TV basura.

En el Hospital de locos de Lisboa, había mucha corrupción.

En todas partes es terrible la situación de los loqueros; las víctimas no son creíbles, cuando denuncian el mal trato; sería una locura creerle a los locos.

En Portugal decidieron empezar de nuevo, como debiera hacer el Uruguay. Construyeron un edificio moderno y funcional, un ejemplo arquitectónico.

Cuando estuvo pronto, prepararon personal especializado y no dejaron entrar a ningún funcionario administrativo, ni a ningún médico que hubiera trabajado en el manicomio anterior.

Pero tampoco internaron allí a los locos viejos. Excluyeron los enfermos; de algún modo, habían participado en la corrupción.

Ese debiera ser el método uruguayo para sanear el flagelo insoportable de los menores delincuentes:

Primero: como bien dice el doctor Morales, derogar la legislación vigente y adaptarla a los tiempos que corren. Segundo: crear un instituto de rehabilitación con pabellones separados por edad y por gravedad de los delitos cometidos. Tercero: preparar un personal especializado en la función de rehabilitar. Y cuarto y principal: compilar los antecedentes de los menores delincuentes, actuales; y no permitirles la entrada al Instituto recién creado.

Esta última medida más una amnistía general para todos los niños con antecedentes, daría satisfacción a los bondadistas partidarios de los asesinos; y permitiría en una fecha futura (15 años) hacer buenos ciudadanos de los menores que se descarriaran y fueran internados en un campus parecido a una Universidad a efectos de convertidos en buenos muchachos y no, en fieras peligrosas.

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