Saravia y el Pit-Cnt

Cuando hace quince años los militantes gremiales nacionalistas reivindicaban el voto secreto y la representación proporcional en sus sindicatos y organizaciones estudiantiles, el planteo recibía fuertes críticas y rechazo. La concepción dominante, por entonces, impulsaba una democracia de manos alzadas y asambleísmo. Con desprecio no falto de autoritarismo y buen grado de animosidad para los que sosteníamos aquellos principios, se menospreciaba la voluntad de quienes no participaban de esta dinámica. Se decía, algunos aún lo sostienen, que debía jerarquizarse la participación presencial por encima de la voluntad de quienes por no querer o no poder delegaban su representación y lo querían hacer mediante el voto secreto. Se consideraba esta manifestación como una herramienta "burguesa", incompatible con el "compromiso". A su vez la fuerte presencia de un discurso oficial, en esos ámbitos, que se oponía a ese instrumento servía para presionar sobre aquellos otros que pudiendo ser mayoría eran sometidos por reducidos núcleos que imponían, amparados en estatutos hechos a su medida, su supremacía.

Conjuntamente con esto, muchos militantes gremiales sostuvieron la representación proporcional argumentando lo que Perogrullo enseñaba y es que todas las organizaciones deben tener un peso proporcional a su magnitud numérica en las direcciones sindicales de forma tal que no haya minorías que, por criterios trasnochados, terminan siendo mayorías y viceversa.

Se llegaba al absurdo, en el caso de la Universidad, que decisiones adoptadas en asambleas por ínfimas diferencias condicionaban imperativamente el voto en los Consejos de las facultades de toda una delegación de estudiantes sin reflejar proporcionalmente la voluntad del conjunto. Era el famoso voto imperativo.

En el caso del Pit se daba, y aún se da, que gremios que agrupan un puñado de afiliados tienen la misma representación que otros que nuclean miles de éstos.

Era el sustento de lo que daban en llamar la democracia "real", antítesis de las democracias "formales", en teoría que antaño tanto mal le hizo a la democracia a secas.

Tardó quince años, pero la razón se impone siempre y muchos de los que en ese entonces criticaban a los nacionalistas hoy se sienten víctimas de la medicina que nos querían imponer.

Escuchamos en estas horas, y en ocasión de realizarse el octavo congreso del Pit-Cnt, a dirigentes sindicales de poderosos gremios como AEBU y el de la UTE, conjuntamente con otra media docena de ellos, salir a defender estos principios. Nos congratula que así sea porque nunca es tarde para hacerlo, aunque hayan sido medios lentos para darse cuenta.

No sabemos aún que suerte tuvieron ya que al momento de escribir esto se desarrollaba el encuentro. Sea cual sea el solo hecho que se discuta ya es un avance. Lo trascendente es que se hayan convencido del valor supremo de las garantías del sufragio, que no otra cosa es el voto secreto, y de su valor sustancial y no formal. Debería, a esta altura, no haber duda al respecto y ser una discusión pasada de moda, si no fuera que quienes aún lo rechazan lo hacen por una concepción democrática bien distinta a la nuestra. Y también es bueno que se entienda que la democracia se sustenta en la pluralidad de expresiones, no sólo en permitirlas, sino, y más aun, en garantizar que se manifiesten las que con nosotros discrepan.

Se hace camino al andar y se empieza, también aquí, a recoger los frutos de las ideas más importantes, por las que hace más de un siglo uruguayos y blancos daban su vida.

Denostado por intelectuales que o nunca lo entendieron o entendiéndolo prefirieron ocultar su grandeza y el valor de su lucha; menospreciado por aquellos que sólo vieron una revuelta de gauchos incultos, el vecino alzado de "El Cordobés" sigue reafirmando su vigencia.

Cuando empezamos un año de homenajes, Saravia ha recibido uno del Pit. No es el más esperado, ese será el de los blancos, pero lo recibimos en su nombre.

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