Ramón Artagaveytia

Con este nombre y este apellido, el Partido Nacional se ha honrado con la participación de destacados ciudadanos tal como aquel que ocupó un cargo en el primer Directorio del Partido.

Nuestro personaje evocado hoy, había nacido en España, en la villa de Santurcé de los alrededores de Bilbao, capital de la provincia vascongada de Vizcaya, allá por el año de 1796 y desde muy temprana edad dejó su suelo natal, arribando a estas costas del Plata y tan consustanciado estuvo con la formación de la República en la Convención Preliminar de Paz de 1828, que se convirtió en un oriental más.

Intervino en las luchas políticas sin descuidar su condición de hombre de negocios, dueño de una empresa lanchonera y organizador de otras industrias que le permitieron forjar una sólida posición económica.

Fue electo diputado por Colonia para la 2a. Legislatura que se extendió desde el 15 de febrero de 1834 al 14 de febrero de 1837, actuando en todo el período en una Cámara que fue presidida por Francisco Antonino Vidal (1834 y 1835) y por Antonio Costa (1836 e inicios del 37), actuando en la primera vicepresidencia Alejandro Chucarro (1834), José Ellauri (1835) y Juan Susviela (1836 e inicios del 37), y desempeñando la segunda vicepresidencia Joaquín Suárez (1834) y Roque Graseras (1835 a 1837), nombres que ocuparon importantes cargos públicos en el siglo XIX a partir de las primeras Legislaturas.

Artagaveytia era oficial de una compañía de granaderos del batallón de milicias activas de la infantería, habiendo sido ascendido a capitán en 1833. Con miras a actuar como simple ciudadano, pidió la baja pero el gobierno se la negó en atención "a sus servicios que lo honran y distinguen".

Anteriormente, vinculado a Oribe por una sana amistad y coincidencia de ideales, no tuvo reparos para defender al Fundador del Partido Nacional en la lucha que le había planteado Fructuoso Rivera y se ha recogido versión cierta que participó en movimientos iniciados en Montevideo, entre 1838 y 1843 que si bien no lograron sus metas, todos estuvieron destinados a restituir a don Manuel Oribe en la presidencia de la República, como era lo legal.

Instalado el gobierno de Oribe en el Cerrito, Artagaveytia no dudó en trasladar sus barcos al Buceo, puerto habilitado por el gobierno oribista y allí prosiguió sus actividades marítimas. Al citar el puerto del Buceo, corresponde citar a su vez, al Cr. Juan Eduardo Azzini que en ímproba tarea, restableció el edificio de la Aduana de Oribe, donde seguramente don Ramón Artagaveytia tantas veces habrá concurrido.

Habiendo muchos vascos que trabajaban en las graserías y saladeros del Cerrito y de la Unión y otros vascos que llegaban emigrados de las filas carlistas, don Ramón Artagaveytia formó un batallón que denominó "Voluntarios de Oribe", uno de los cuerpos mejor disciplinados y más aguerridos del ejército sitiador, con cuatrocientas plazas, cuya lucida actuación le hizo ganar un merecido prestigio en el Cerrito.

Este batallón, llegada la paz de octubre de 1851, fue desarmado, en ese mismo mes, siendo Artagaveytia teniente coronel y el acto fue presenciado por el Comandante español Ramón Tapete, capitán de la nave "Mazarredo", surta en el Buceo.

Vuelto a sus trabajos empresariales, continuó con las tareas marítimas que tantos desvelos como triunfos le habían deparado. Fue un hombre que no supo de descansos desarrollando siempre una activa presencia en sus negocios y también en todo lo concerniente a la actividad cívica republicana.

Viviendo con austeridad y seriedad, que le caracterizó a lo largo de su existencia terrenal —la mejor herencia para sus descendientes— llegó al final de la misma el 11 de julio de 1852, con el respeto que supo ganarse por la honestidad con que supo encauzar todos sus actos políticos, militares y empresariales.

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