Pradera y puerto

Los uruguayos hemos sido educados en la idea de que la base económica de nuestro país, aquello que nos dio y nos va a dar de comer, es la pradera y lo que de ella se puede extraer. Si bien es cierto que la base económica de nuestro país fue la renta agropecuaria, generosamente apropiada para sustento de un voluminoso aparato estatal y desviada desde el campo hacia la capital, en la actualidad, en el 2000 y para adelante, no obstante el espectacular empuje que el campo está aportando a nuestra desfondada economía, la producción primaria y de commodities no volverá a ser la mina de oro que fue en el siglo XIX. Ni aquí, ni en Argentina, ni en ningún lado.

Pero lo que necesita ser destacado es que la visión que de sí mismos tienen los uruguayos como hijos, en lo económico, de la pradera y del trabajo rural, no sólo no es del todo cierta en lo que refiere al pasado sino que es francamente limitadora en cuanto a visión de futuro.

La noción de ventaja comparativa —que antes se utilizaba mucho y ahora no tanto— es algo muy simple pero que apunta hacia una constatación demasiado razonable como para ser descartada. Sin encerrarse en determinismos y sin negar la intrepidez y la obstinación con que algunos pueblos han acometido con éxito emprendimientos imposibles (como los holandeses ganándole tierra al mar), es evidente que las condiciones físicas ofrecen ventajas y desventajas. El tipo de suelo, más el clima, más el sistema hidrográfico proporcionan una invitación natural a la cría del ganado: el Uruguay tiene allí una clara ventaja comparativa.

Pero siguiendo los mismos parámetros de razonamiento, mirando el mismo mapa geográfico y completando esa mirada con algunos datos estadísticos podríamos —y deberíamos— ampliar la visión respecto a cuáles son las bases naturales ventajosas que se nos ofrecen para labrar nuestra prosperidad económica. El Uruguay está físicamente situado en un lugar de privilegio, en la salida de un sistema fluvial enorme que abarca el corazón de la mitad sur del continente, y tiene los mejores puertos naturales de la región. Ya hoy los puertos de Montevideo y Nueva Palmira no son puertos para el tráfico de y hacia el país sino que son puertos de servicios para terceros. El mayor volumen de cargas en ambos casos es la carga en tránsito y su potencial de crecimiento es enorme.

El Uruguay de a caballo debe abrirse a la realidad geográfica integral que lo muestra ubicado en la mejor encrucijada comercial del sur del continente. La necesaria conciencia de lo que somos y de dónde se ubican nuestras posibilidades de crecimiento económico no está completa sin una conciencia clara de las ventajas que nos regala la ubicación geográfica que habitamos. En el mundo globalizado de hoy las distancias han desaparecido, no complican, todo y todos están en todos lados. Pero hay ciertos lugares de privilegio, insustituibles aun en este contexto globalizado, que son los nudos, los cruces de caminos, los sistemas de confluencia y redistribución. El Uruguay es uno de esos lugares.

En el mundo globalizado la logística es tan importante como la informática. Para la informática basta tener buena cabeza: todo se aprende. Pero para la logística, además de educación y preparación, hace falta estar en el lugar adecuado: y eso no hay dinero con qué comprarlo ni educación con qué sustituirlo. Nuestro país puede llegar fácilmente a ser un polo de comercio y de servicios marítimos para una enorme región de millones de habitantes. Pero hace falta abrir la cabeza; un pueblo llega a ser aquello que se imagina que puede ser. Sin abandonar el imaginario colectivo vinculado a la pradera y al campo debemos incluir el imaginario vinculado al puerto, al río y al mar; ambos tienen el mismo tipo de apoyo en una base física naturalmente apta, privilegiada y explotable con ventajas.

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