RICARDO REILLY SALAVERRI
Quiénes nos gobiernan? Hay de todo. Como en botica, especialmente dentro de la gerontocracia del cambio que integra el gabinete de ministros.
En el mundo actual si se toman -por ejemplo- las 50 economías más grandes se advierte que más o menos la mitad son estados nacionales, los más poderosos y la otra mitad compañías multinacionales.
El Uruguay en un ranking de esa índole, por sus dimensiones e ineficiencias, como se dice en la Vuelta Ciclista, estaría ubicado cómodamente en el camión de los rezagados. Por citar un ejemplo próximo, solo la compañía Camargo Correa de Brasil, que viene quedándose con las compañías más grandes de la Argentina, factura al año una cifra muy superior a las exportaciones uruguayas (la expansión brasileña en el Río de la Plata es a esta altura impresionante e incontenible).
Las multinacionales operan normalmente con alta especialización en temas de avanzada de la ciencia y la tecnología y marchan raudamente en punta. Son las promotoras de los principales inventos y si otro es quien los realiza, les compran. Al margen del dominio comercial de áreas de commodities estratégicos como el petróleo, son dueñas del futuro en la industria automotriz, los laboratorios y acortando camino en la industria de armamentos.
Sus estructuras son racionales. Si se convencen que están excedidos de personal le recortan impiadosamente y, cosa fundamental, seleccionan su personal, particularmente sus cargos gerenciales, con rigor para asegurarse dentro de lo posible el buen resultado. Los cargos superiores, por otra parte, están controlados por asambleas de accionistas, incluidos en su caso, quienes compran acciones en las bolsas, y si los resultados son malos, algunas cabezas terminan por rodar.
Como contrapartida, pongamos como ejemplo un país como el nuestro. En primer término tiene que hacerse cargo de muchos problemas que una empresa multinacional no tiene (desocupados, retirados, enfermos, etc.).
En segundo lugar, miremos justamente al actual elenco de ministros. Son militantes de izquierda, en general sin especialización, ni estudios, ni experiencia directa en lo que hacen. Incluso los más ilustrados son burócratas que han vivido del Estado o de contratos con organismos internacionales, por lo que desconocen la vida real.
Así, llegamos del macaneo cotidiano sobre temas agropecuarios, a la crisis de las relaciones internacionales (Botnia, TLC, concubinato con Chávez, etc.) y, acortando, al IRPF y al proyecto de sistema nacional de salud. Y, en las monopólicas empresas del Estado lo que conseguimos es el petróleo, las telecomunicaciones, la electricidad, el agua y las tasas de interés más caras.
Al tiempo, el obeso leviatán vernáculo crece y en el colmo del acomodo y el desorden ANCAP, por dar un ejemplo, acaba de anunciar que va a crear nueve cargos de gerente más (serán 32). Por supuesto que bien rentados, mientras que el sindicato por razones ideológicas se moviliza y presiona para atar al país por medio de una de sus peores decisiones: acentuar el concubinato con Chávez, el parlanchín sin fin, con vocación de dictador.
Algunos principios que hacen al dinamismo de la economía son hoy olvidados. En vez de un Estado que ordene y deje hacer a los privados como se hizo cuando el gobierno nacionalista con la reforma portuaria, vamos hacia el Estado invasivo y demagógico, al que no le faltan caídas totalitarias. Suma: más impuestos, burocracia, corrupción e ineficiencia.