Nuevos desafíos

Las autoridades del Portugal apresaron un “narco-submarino” en aguas de alta mar, a 426 kilómetros de las Azores. Este archipiélago se encuentra a unos 4.800 kilómetros de la costa de América del Sur y 1.400 kilómetros de la costa de Portugal. La embarcación conducía nueve toneladas de cocaína con un valor de 520 millones de euros. La tripulación de cuatro hombres, tres colombianos y un venezolano, fue rescatada como corresponde. El buque naufragó poco después y llevó consigo parte de su carga al fondo del mar.

El apresamiento sucede cuando aumenta tanto de la producción de cocaína en Colombia, como de la demanda por la droga en Europa. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estimó que en 2023 la producción mundial de cocaína alcanzó más de 3.708 toneladas, “casi una tercera parte más (34 %) que en el año anterior”. El estudio concluye que las “incautaciones de cocaína en todo el mundo también alcanzaron máximos históricos en 2023, y todas las regiones comunicaron incrementos. En el período 2019-2023, la cantidad de cocaína incautada a nivel mundial aumentó un 68 %”.

La mayor demanda por cocaína en Europa lleva a los carteles a poner en servicio en las rutas transatlánticas un tipo de embarcación que han utilizado en los tráficos de menor distancia en la costa del océano Pacífico y el Caribe.

En noviembre de 2019, las autoridades españolas encontraron, por primera vez, un semi-sumergible con tres toneladas de cocaína cerca de la costa gallega. La embarcación había tomado 26 días para completar una navegación de once mil kilómetros. En enero del año pasado detectaron otro que se hundió poco después. En los meses siguientes se interceptaron varias embarcaciones similares cerca de Trinidad y Tobago, Sierra Leona, Venezuela, en el océano Atlántico y cerca del litoral del Brasil. En total siete semi-sumergibles interceptados o hundidos el año pasado.

A diferencia de las lanchas, los semi-sumergibles son buques de bajo perfil (Low Profile Vessels). Son construidos solamente para el viaje de ida, en astilleros ubicados en lugares remotos donde no llegan las autoridades del Estado costero.

La mayor parte de su estructura se encuentra bajo la línea de flotación con el fin de reducir su obra viva y disminuir el ruido y su estela en el mar. En algunos casos se les agrega un forro de plomo para atenuar su imagen térmica. Ello los hace difíciles de detectar por los radares y los sensores infrarrojos de los buques y aviones navales y guardacostas. La autonomía depende del tamaño de la embarcación y del espacio requerido para el combustible. Los de mayor tamaño llegan a tener 22 metros de eslora y, como sucedió en el reciente caso, pueden transportar varias toneladas de cocaína.

Ahora, los expertos consideran la posibilidad de que los carteles avancen e inviertan en un nuevo desarrollo tecnológico: la construcción de buques completamente sumergibles durante todo o parte de su viaje transatlántico.

El empleo de semi-sumergibles y, en el futuro, de sumergibles, plantea desafíos urgentes a las autoridades marítimas. Estos incluyen el mejorar continuamente la capacidad de detección e intervención de sus buques y aviones. Otro desafío, complementario, es ajustar el marco del Derecho del Mar a estos dinámicos cambios.

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